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Quejas, quejas y más quejas

“Ay mamá, los huevos están horribles!”

“Odio estar aquí.”

“No haré la tarea, odio las matemáticas.”

¿De dónde vienen estos comentarios y reacciones negativas? ¿Qué genera estas actitudes?

Puede haber muchos motivos distintos para la queja de un niño, pero en mi experiencia hay una que está al centro de todos: LA CONEXIÓN.

Cuando lo primero que te dice en el día es “Qué horrible sabe esto”, ¿captura tu atención? ¿Conecta contigo?

Estas actitudes comienzan a surgir a partir de los 8 ó 9 años y pueden resurgir durante toda la adolescencia. Cuando suceden desde antes, generalmente son reflejos de actitudes aprendidas de sus padres (ojo: mira hacia dentro antes de criticar afuera).

Puede sonar extraño, pero la negatividad y las quejas son mecanismos del niño para manejar ANSIEDAD. Cuando se expresa de esta forma, se siente mejor porque está expresando sus preocupaciones y temores, aunque a veces lo haga de manera muy indirecta.

Entonces, si como padres no sabemos canalizar esta energía, podemos entrar en una dinámica muy agotadora, física y emocionalmente. Y lo peor, al no reconocer y apoyarle con el tema de fondo, el problema no está siendo atendido en lo absoluto. Y cuando no atiendes un problema, crece.

¿Qué hacer con el niño que se queja?

Si tu hij@ está siendo una fuente borbotante de quejas, el ambiente en la casa puede volverse tenso y gris. Claro, si entras en esta espiral de negatividad. Tú eres el/la líder.

Cada escenario es distinto, por lo que no hay una “fórmula universal” para el manejo de la queja negativa. Compartimos algunas estrategias importantes. Tu trabajo será identificar cuáles implementar de acuerdo a cada situación.

1.- NO LO VUELVAS PERSONAL. Respira, no te enganches, no se trata de ti. La carga negativa sólo puede atraerte si tú traes una carga similar. Maneja tu estado de ánimo. Si sientes que no puedes hacerlo, es momento de buscar ayuda.

2.- ESCUCHA. ¿A qué se está refiriendo REALMENTE? ¿Qué está necesitando? No siempre lo pescas a la primera, pero usa tu intuición. Aquí comienzas a CONECTAR con tu hij@.

3.- MARCA LÍMITES de ser necesario. En ocasiones sus comentarios pueden estar cruzando la línea del respeto, o indicando desobediencia. Si es así, indícalo en ese momento. NO ALIMENTES LA CARGA NEGATIVA. Manténte firme y seren@ en tu postura.

4.- ESTABLECE EL MOMENTO. Si tu hij@ decide “vomitarte” todo lo que trae cuando estás atendiendo algo, o traes tus propios asuntos, puedes decirle “Lo siento hij@, no es buen momento para hablar sobre esto. Lo platicamos más tarde, cuando pueda escucharte.” Hazle saber que no eres su “bote de basura”. Cuando sea el momento, marca un tiempo para “ventilar”, y una vez cumplido dirige la atención hacia crear una solución.

5.- REFLEJA, no juzgues. Veo que estás frustrad@ porque quisieras salir mejor en esta clase,” en lugar de “No estás esforzándote suficiente y por eso vas mal.”

6.- RETROALIMENTA. No se trata de cambiar a tu hij@. La meta es dejarle ser, y ayudarle a tomar consciencia de cómo sus actitudes tienen un impacto en su vida y en la de quienes le rodean. Quejarte de su negatividad no le ayudará. Háblale de cómo te sientes al escucharlo en su estado negativo, de lo que a ti te sucede.

Por último, reconoce que un niño/adolescente en desarrollo está atravesando cambios (sobre todo internos) fuertes. No siempre sabrá cómo manejar sus emociones. ¡Tú tampoco! Esto puede sonar contraintuitivo, pero si lo haces estarás tomando la postura correcta: ACEPTA SUS EMOCIONES NEGATIVAS. Cuando las rechazas y reaccionas, ¡las alimentas! Cuando las puedes aceptar, acompañas a tu hij@ sin críticas, sin interferencia, sin querer que sea otra persona. Él/ella sentirá tu empatía, y su estado emocional cambiará cuando esté listo para hacerlo. Con tu apoyo, será muy pronto, y se sentirá libre para considerar cómo desea cambiar y crecer.

Con todo el cariño,

Gaby González

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Orientar y preparar a padres y maestros en cuanto a cómo acompañar, guiar y educar a los niños y adolescentes de ahora, teniendo en cuenta las características únicas de las generaciones más recientes y los cambios en el entorno sociocultural del momento histórico que atravesamos.
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