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¿Porque es tan importante la ayuda en un proceso de separación?

Recientemente se acercó a mí Sara una mujer de 40 años que se había separado hace un año. Comenzó a platicarme que estaba preocupada por ciertos comportamientos que observaba en su hijo Mauricio al regresar los domingos después de haber compartido tiempo el fin de semana con su papá. Ella le preguntaba como estaba, qué tal le había ido, pero con un tono un tanto irónico porque ella continuaba enganchada, enojada y con una serie de sentimientos irresueltos hacia su ex. El niño se encerraba en su cuarto, reservado y no quería hablar. Esto a ella le preocupaba mucho porque comenzó a imaginarse que algo malo o raro estaría sucediendo con su papá los fines de semana.

Mauricio no callaba porque sucediera algo “malo”, callaba porque si le contestaba algo sabría que eso sería un arma en contra de su papito que tanto amaba. Sara no se daba cuenta de que sus emociones no resueltas estaban afectando profundamente a Mauricio.

Yo le sugerí que fuera a terapia. A lo que ella me contesto, pero ¿Para qué? Si el tema de la separación sucedió hace un año, ya estamos bien. Yo no creo que necesitemos terapia.

Esto es algo que sucede seguido a la gente porque entre otras cosas ignoramos los procesos humanos que tienen que ver con el duelo y las emociones. Pensamos que una vez pasada la tormenta todo volverá a la normalidad en cuestión de unos cuantos meses.

La separación o divorcio es uno de los procesos más dolorosos que como humanos hemos de enfrentar. Es un proceso que dependiendo de muchos factores puede durar hasta tres años. Es un proceso que implica dejar atrás el pasado, las expectativas que teníamos de lo que sería nuestra vida en familia. Las expectativas de lo que sería nuestra vida en pareja. Es un proceso que implica saltar al vació y estar casi al borde del precipicio en donde no existe ninguna certeza. En donde reina la incertidumbre del porvenir. Cargado de una decepción fuerte a la vida. Con la separación muere la esperanza, las ilusiones e incluso en muchos casos muere el deseo de estar vivo. Es un proceso que implica literalmente cambiar de piel. Que nos enfrenta a una reconstrucción total de quienes somos y de hacía donde vamos.

Sin embargo, como adultos tenemos ya bien formados nuestros mecanismos de defensa. Entre ellos la negación y la racionalización. Mecanismos que nos ayudan a seguir adelante luchando por nuestra vida pero que nos impiden entrar en contacto con nuestras emociones más profundas. Así, es fácil suponer que todo ha pasado, que todo está bien. Hasta que ciertas actitudes que saltan del inconsciente como le pasa a Sara surgen para mostrarnos que aún hay trabajo interno por realizar. Y que de no hacerlo quienes sufrirán las consecuencias son quienes más amamos: nuestros niños.

Los adultos como sea la vamos librando en este torbellino de emociones, pero lo niños no cuentan con las mismas herramientas que nosotros dado que su parte emocional y psíquica continúan desarrollándose, es por eso que una separación o divorcio mal llevado puede ser algo que deje secuelas muy fuertes en su desarrollo y en la forma en la cual ellos más tarde formaran sus vínculos.

Si te interesa saber más sobre cómo afecta la separación a los niños haz clic aquí: Cómo afecta al niño la separación de sus padres.

A través de mi experiencia personal como hija de padres divorciados y más tarde la experiencia que he tenido con mi propio divorcio y con miles de pacientes que he acompañado en sus procesos he constatado que hay una diferencia muy grande en aquellas personas que buscan ayuda y se permiten recibirla a aquellas que se encuentran cerradas a todo tipo de ayuda por pensar que no la necesitan.

Una terapia, un taller o un grupo de contención pueden abrirnos la mente y el corazón para ver aquello ante lo cual nos cegamos. Puede proveernos de herramientas para sanar nuestro corazón y aprender a formar vínculos afectivos sanos. La terapia nos ayuda a transitar un duelo saludable dejando atrás el pasado, pudiendo perdonar y comenzar de nuevo sin rencores, ni resentimientos añejos. Nos ayuda a ser conscientes aquellos sentimientos y actitudes que están dañando a nuestros hijos y nos enseña nuevas formas y actitudes que reforzaran nuestra autoestima y comunicación. También nos ayudan a detectar aquellos comportamientos en nuestros hijos que sean un foco rojo en su desarrollo emocional.

Otro de los beneficios que trae el acompañamiento es la posibilidad de elaborar el duelo de tal forma que no tengamos que repetir los mismos patrones en futuras relaciones.

Mi intención con este artículo es que te des cuenta que no tienes por qué transitar este difícil y doloroso proceso solo. Que hay personas que hemos trabajado por años para ayuda a la gente a transitar dichos procesos exitosamente. Ábrete a la ayuda, lo peor que puede pasar es que al final seas mejor persona.

Con amor,

Claudia

P.D. Por favor comparte este mensaje con aquellas personas que sientas que necesitan ayuda.

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