dilatan

Por qué algunas mujeres no dilatan

 

La verdad no estoy de acuerdo con este postulado, cientos de mujeres me cuentan que tuvieron una cesárea porque no dilataron; “es que yo no dilato” me dicen, como escribiendo una sentencia final y algunas incluso me han dicho que sienten como si su cuerpo fuese una máquina que vino fallada.

Quiero compartirte un relato de los cientos de partos que he tenido la fortuna de acompañar como doula en estos últimos 13 años, porque quizás te sientas identificada y comprendas qué fue lo que pasó en tu propio parto.

Laura era una mujer muy activa laboralmente, exitosa, en plena carrera ascendente en una prestigiosa universidad. Estaba felizmente casada desde hacía un par de años y sin planearlo, quedó embarazada.

Todo parecía fluir normalmente durante su embarazo, tuvo una gestación saludable, practicó ejercicio y se preparó a conciencia junto con su pareja en mi curso de preparación para el parto, lo cual le permitió tomar decisiones informadas para elegir un médico que apoyara firmemente el parto humanizado, que no tuviera prisa y que creyera en su capacidad de dar a luz. Una mañana a mitad de su semana 39, amaneció con ligeras contracciones que fueron volviéndose mas seguidas e intensas con el correr de las horas. En ese momento me habló para avisarme que seguramente estaba iniciando su trabajo de parto, ya que me había pedido que la acompañara como doula durante su proceso. Le sugerí que no hiciera demasiado caso a esas “olas” iniciales, que apenas estaba calentando motores, y que hiciera vida normal, que tomara un rico desayuno con su marido y luego si sentían ganas salieran a caminar un rato al parque.

A eso de las 8 de la noche me habló Joaquín, su marido, para avisarme que las contracciones ya estaban cada dos minutos desde hacia una hora y media, y que Laura las estaba llevando muy bien y estaba en ese momento en la ducha, aprovechando el efecto analgésico del agua caliente. Entre los tres decidimos que era buen momento para emprender tranquilamente nuestro viaje al hospital, ya que estaba a media hora de su casa.

Poco tiempo después estábamos los tres ya instalados en la tranquila sala LPR, que es una sala de labor, parto y recuperación con bastante espacio para moverse, una cama que se pone en varias posiciones, una tina, un baño privado con ducha, en un ambiente bastante similar al de casa y donde las mujeres pueden transitar todo su trabajo de parto y también dar a luz allí, en el rincón del cuarto y en la posición que ella elija, o sea que es la opción más humanizada dentro de un ambiente hospitalario. Al revisarla, el doctor le dijo que ya tenía 5 cms de dilatación, muy buena noticia! En seguida el doctor nos dejó a solas a los tres para seguir trabajando en intimidad y sin prisa. Laura fue adoptando varias de las posiciones que aprendió en el curso , en las que se sentía mucho más relajada durante las contracciones, y en las pausas dormitaba de a ratos, cada tanto se paraba al baño o a comer algo de todas las cosas ricas que habían llevado para mantener su energía arriba. Las olas de contracciones seguían llegando rítmicamente cada dos minutos y todo progresaba suavemente.

En algún momento empecé a ver una expresión de angustia en la cara de Laura, y noté que las contracciones se estaban espaciando y eran mas cortitas. La siguiente vez que entró el médico a hacerle un tacto, unas tres horas después, Laura apenas había avanzado un centímetro de dilatación. No es razón para alarmarse, claro, cada mujer dilata a su propio ritmo… Dijo que regresaría en dos horas para ver como iba todo, y cuando regresó, la dilatación no había avanzado. Era momento de hacer algo…

Le propuse a Laura quedarnos un momento a solas para que pudiera ir hacia adentro de su propio cuerpo y observar qué era lo que estaba frenando las contracciones. Empezamos por hacer una relajación guiada, ahí notó que había un cierto olor a desinfectante en el ambiente que la hacía sentir incómoda y automáticamente se dio cuenta de que era la primera vez que estaba en un hospital, lo cual fue un muy buen primer paso. Luego le propuse una visualización para acceder a su inconsciente. En ese estado de introspección, comencé a hacerle algunas preguntas y cuando le propuse que me contara qué estaba pasando en su vida en ese momento, mas allá del embarazo, me dijo: “ todo va muy bien, estoy pasando por el mejor momento de mi carrera” y comenzó a llorar tímidamente.

“Y como se siente estar pasando por el mejor momento de tu carrera justo hoy?” le pregunté. Ya no pudo contener el llanto a borbotones que latía por liberarse. “Justo estaban por promoverme en la universidad al cargo que siempre quise, y en ese momento me embaracé! Ya no tuve la promoción…. Fue el pero momento para embarazarme… Y lo peor es que no se cómo voy a hacer para trabajar al ritmo que estoy acostumbrada y ser mamá al mismo tiempo, es demasiado…

 

Continuó llorando y dando rienda suelta a toda esa angustia que tenía contenida, mientras yo la sostenía en mis brazos. Y poco a poco fue calmándose, como agarrando un segundo aire, liberada. Se secó las lágrimas y me dijo que no había podido expresar esta frustración hasta ese momento.

¿Y qué creen que pasó con las famosas contracciones? En ese momento volvieron a ser cada vez mas regulares, hasta ser cada dos minutos, su marido entró y la abrazó muy fuerte y juntos siguieron atravesando cada ola muy unidos y esperanzados. Media hora después entró el médico y cuando le hizo el tacto se sorprendió enormemente pues ya tenía 10 cms de dilatación! Una hora después de muchos pujos en varias posiciones, su bebita Marina nació tranquila, en paz, con los ojos muy abiertos buscando la mirada de sus padres.

¿Cuál es la enseñanza? Cualquier asunto no resuelto durante el embarazo que nos esté causando estrés, ansiedad o miedo, suele salir a la luz durante el trabajo de parto, haciendo que secretemos adrenalina, la hormona del estrés, que es antagónica a la oxitocina, la hormona que necesitamos secretar para tener contracciones y por ende dilatación y el posterior nacimiento del bebé. Y esto detiene la dilatación cervical.

Mujeres: nuestro cuerpo, que supo gestar a este bebé, sabe perfectamente como parirlo. Es nuestra MENTE la que pone piedras en el camino. Todas las mujeres podemos dilatar, si se dan las condiciones internas y externas que propicien una correcta secreción hormonal.

 

Te quiero proponer un ejercicio: te invito a ver honestamente hacia adentro tuyo en el momento que estés de tu embarazo y a trabajar con lo que sea que aparezca, para que esto no funcione como un impedimento a la hora de dar a luz y puedas vivir un parto fluido y en paz. Cuéntame cómo te fue.

Con cariño,

Glenda

 

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