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Mañana…

Mañana no pelearé con él.

Mañana será un mejor día.

Mañana le gritaré menos.

Mañana seré más paciente.

Mañana jugaré con él más.

Mañana me reiré con él.

Mañana haré todo lo que pueda para asegurarme de que sabe lo
mucho que lo adoramos y lo amamos.

Mañana.

Mañana ofrece esperanza. Una pizarra limpia. Otra oportunidad de ser el tipo de madre que quiero ser.

Esta noche mi corazón está pesado. Esta triste, golpeado y lleno de arrepentimiento. Últimamente siento que cada día estoy peleando batallas.

Mañana no me frustraré cuando niegue el desayuno sólo para luego decirme “tengo hambre” diez minutos después. Le recordaré con dulzura que tenemos que comer en horarios programados y lo dejaré comerse un plátano en el carro.

Mañana me reiré de su persistencia de llevar su camisa de pijama a la guardería. Discretamente le voy a ayudar a elegir alguna otra ropa que le guste.

Mañana seré paciente. Lo dejaré subirse en su asiento del carro solo mientras le digo: ¡Eres tan independiente!

Mañana, cuando me pida jugar con él mientras estoy haciendo la cena, le pediré un minuto. Hablaré con él sobre esperar nuestro turno mientras me pongo en el piso y construimos Legos y hacemos rompecabezas juntos.

Mañana diré que sí a sus incesantes peticiones de jugar espadas.

Me relajaré más, otras cosas pueden esperar.

Mañana me acurrucaré con él en su cama, sosteniéndolo en mis brazos, su cuerpo fundido en el mío. Sé que se sentirá seguro y querido.

Mañana estaré en paz mirándolo sabiendo que no hay otro lugar en el que prefiero estar.

Mañana no hay otra batalla que yo preferiría estar peleando.

Mañana no seré perfecta, pero lo haré mejor.

Texto: Monica Hoss

 

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