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La historia de Raquel y la niña mojada en el pasillo

Raquel y su esposo vinieron a verme porque sus dos hijas se hacían pipí en la cama.

Durante varias sesiones estuvimos trabajando el tema con los niños y sus papás. La niña mayor (de 9 años) logró dejar de hacerse pipí en un par de sesiones, pero la de 7 continuó con la enuresis durante todo el siguiente mes.

Entonces decidí trabajar con los papás directamente, suspendiendo el trabajo con la niña temporalmente. Recibí a Raquel en la siguiente sesión.

Gaby: ¿Cómo te sientes?, le pregunté a Raquel.

Raquel: Frustrada, toda mi casa apesta y ya me harté. No es sólo que se haga pipí lo que me desespera, su actitud es nefasta. No sabes como me desespera Mariana. Es una niña muy rebelde. Todo el tiempo está de mal humor conmigo. Chocamos mucho. Es muy contestona y ya no puedo más. A veces me gustaría salir corriendo…

G: Veo que cuando hablas tus piernas no dejan de moverse. Si pudieran hablar ¿que dirían?

R: ¿Qué, cómo? (sorprendida)… bueno es que soy muy inquieta por eso las moví.

G: Y me doy cuenta de que cuando te lo menciono las aprietas.

R: Mmmmhhh, es que no quiero… creo que mis piernas… no sé, me da vergüenza decirlo. Creo que en ocasiones quisiera no tener que estar en casa con ella. Es muuy ella, ¡y me choca! (Mientras lo decía, su cabeza se entumía entre sus hombros y se mecía como una niña pequeña. El tono de su voz cambió, parecía una niña pequeña.)

G: Tu voz cambió. ¿Lo notaste?

R: Si un poco, creo que soné como niña…

G: ¿Cómo de qué edad?

R: Quizá de 7 u 8. (Comenzó a llorar un poco mientras lo decía.)

G: Está bien, permite que salga… (Le di espacio para que se permitiese sentir y soltar. Acompañé su llanto, y retomé…)

G: ¿Me quieres contar qué estás sintiendo? ¿Te llegó algún recuerdo?

R: Me acordé de cuando yo era pequeña, mi mamá me sacaba del cuarto y me dejaba parada en el pasillo en la madrugada si me hacía pipí. Pero yo no era como mi hija, yo no peleaba, simplemente aceptaba que me sacará y me esperaba ahí hasta que fuera de día. La verdad es que no lo hizo muchas veces. Creo que su técnica funcionó porque ya no quería estar en el pasillo oscuridad de la noche, congelada y con toda la pijama mojada…

G: ¿Y mientras me cuentas esto, qué estás sintiendo?

R: Estoy muy enojada con mi mamá, me siento humillada, sucia. ¿Por qué tuvo que ser tan dura, tan desconectada conmigo? Sentía que no me quería… y me da coraje que yo no tenía las agallas para defenderme.

G: ¿No tenías las agallas, como las tiene Mariana?

(Raquel abrió grandes sus ojos, su rostro lleno de asombro…)

R: Pues… sí Gaby. Mariana es todo lo contrario a lo que yo me atrevía a ser. Y si soy honesta conmigo, siento que a mi niña interior le dan celos de que ella sí pueda defenderse y ser tan auténtica, y yo no. Ella tiene mucha chispa como yo la tuve, pero no fui lo suficientemente fuerte como para poner un alto, para no dejarme aplastar. No supe cómo.

G: Y tú, ¿la tratas de aplastar?

R: Todo el tiempo. Le digo “qué feo te vistes”, qué fuerte es su voz, la critico cuando la estoy peinando y se mueve… A veces le jalo el pelo cuando se lo estoy arreglando, y según yo era porque se movía mucho. Yo la regañaba por eso, pero ahora me doy cuenta de que a mí me hubiera gustado tener la fuerza que ella tiene para decirle a mi mamá que me gustaban mis chinos con el pelo suelto, como lo hace ella…

Raquel tenía muchos problemas para que Mariana le hiciera caso. Estaban enganchadas en una lucha de poder muy fuerte. Pero la lucha más fuerte la vivía Raquel, entre la madre estricta y dura que había introyectado, y la mamá tierna y amorosa que quería aflorar en ella, sin saber cómo. Esa lucha interna fue la que la trajo a terapia. Gracias a que su amor por sus hijas, por Mariana, era más fuerte que su patrón reactivo, continuó su proceso y se comprometió más que nunca.

Justo una semana después asistió a un Taller para Padres que ofrecí junto con Luis Carlos. Terminando el taller me comentó que su hija ya no se estaba haciendo pipí, y que su relación dio un giro de 180 grados.

Seguí viendo a Raquel durante varias sesiones. Hoy su relación con sus hijas y la armonía que viven en casa es testimonio de su compromiso con su trabajo personal, y de la efectividad de las técnicas que compartimos con nuestros alumnos.

Para educar sin lastimar necesitamos trabajar con lo que no se ve a simple vista. Si bien necesitamos técnicas y estrategias prácticas para cada situación, también es importante reconocer y transformar nuestro propio patrón reactivo. Se trata de aprender cómo guiar a nuestros hijos sin aplastar ni limitar su potencial. Porque cuando perpetuamos el patrón reactivo esa es la consecuencia: hijos que crecen creyendo que son mucho menos de quienes realmente son.

Y para que más niños y sus padres salgan del patrón reactivo, comparte este mensaje. Los niños de ahora te lo agradecerán.

Con todo el cariño,

Luis Carlos y Gaby.

Luis Carlos y Gaby
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Luis Carlos y Gaby

Directores bei Niños de Ahora
Pareja de psicoterapeutas, padres de tres hermosos niños, coaches y conferencistas renombrados. Cofundadores de Niños de Ahora, son los creadores del Método Paternidad Efectiva, con el cual despiertan la sabiduría que sus alumnos llevan dentro para que ejerzan una paternidad consciente y efectiva.
El entrenamiento introductorio del Método Paternidad Efectiva ha sido tomado por más de 125 mil padres alrededor del mundo.
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Pareja de psicoterapeutas, padres de tres hermosos niños, coaches y conferencistas renombrados. Cofundadores de Niños de Ahora, son los creadores del Método Paternidad Efectiva, con el cual despiertan la sabiduría que sus alumnos llevan dentro para que ejerzan una paternidad consciente y efectiva. El entrenamiento introductorio del Método Paternidad Efectiva ha sido tomado por más de 125 mil padres alrededor del mundo.

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