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El poder de la palabra y la paciencia

A Romina desde que llegó a la casa después del hospital, le hemos platicado y hecho conversación todos los días. La mayoría de las veces, lo hemos hecho en tono de conversación normal; el otro tanto, en tono de juego y de “apapacho”. En todas las conversaciones que hemos tenido con ella, nuestro objetivo ha sido el que se familiarizara con el idioma y con las palabras. Todo esto, para que poco a poco conociera las cosas por su nombre y empezara a estructurar su comunicación con nosotros. No solo lo hemos hecho en español, sino en inglés también.

Para mi esposa y para mí, ha sido importante siempre que la niña tuviera un desarrollo dentro de los parámetros esperados en todos los ámbitos. Y uno de ellos es el relacionado con el habla. No se ha tratado de generar una “competencia” y que Romina sea la “primera” comparada con otros peques. Nos interesa más su desarrollo adecuado que competir con otros papás. Al mismo tiempo, al ser mi esposa y yo bilingües al 100% – con un nivel nativo-, creemos que está en la etapa en la que aprender el idioma inglés, puede ser benéfico para ella.

Durante mucho tiempo, y con paciencia de nuestra parte, fuimos teniendo pláticas con Romi. En muchas ocasiones, notamos que empezaba a decir sus primeras palabras y las asociaba correctamente. En otros momentos, las decía sin que estuviera en lo correcto. Fue importante para nosotros, el saber que iba a ser un trabajo de dedicación y tranquilidad de nuestra parte. No podíamos esperar que la bebé dijera todo a la primera y correctamente a partir de ahí.

La evolución del habla de la niña ha sido un viaje mágico y nos ha dejado sorprendidos. La sorpresa, fue más por ver, que algo tan “trivial y normal” para los adultos, es todo un proceso de desarrollo para los bebés. Ese desarrollo, es exponencial y a pasos agigantados. De sonidos sin sentido, pasamos a balbuceos, luego sonidos de monosílabos y bisílabos hasta llegar a la primera palabra que dijo que fue: pa-pa. Y no se trató de que dijera primero papá antes que mamá. Hay fonemas que se les va facilitando a los bebés decir conforme van creciendo. Hoy en día, ya estamos en frases completas y bien estructuradas.

Eso fue en español. Como comenté antes, para nosotros el que aprenda un segundo idioma ha sido importante. Creemos que cada vez más, el manejar más de un idioma, cobra una mayor relevancia en la vida de los seres humanos. No por querer –o pretender que eso la haga “más inteligente”. Sino, por la exposición que hay a otras culturas, ya sea por trabajo o al viajar por placer, y que cada vez va creciendo. Por eso pensamos en el inglés, un idioma que a nosotros se nos facilita por nuestras abuelas (la de mi esposa era de Estados Unidos y la mía de Inglaterra). Esto es lo que nos llevó a inscribirla en un colegio Británico.

La exposición a ese segundo idioma, ha sido de varias formas. Pero, no ha tenido ninguna diferencia con el español. Le hablamos en inglés constantemente; le ponemos programas de Mickey Mouse o Peppa Pig en inglés; las películas de caricaturas que nos encantan a mi esposa y a mí (Toy Story, La Era del Hielo, Cars, Corazón Valiente, Mi Villano Favorito, etc), las vemos siempre en inglés. Al igual que el español, que si cubre el 70% del tiempo que lo escucha Romina, el inglés tiene un tiempo de dedicación de nuestra parte. Y en el colegio, está expuesta a ese segundo idioma durante sus clases. En la guardería, escucha español.

Romina, desde hace casi un año, ha ido avanzando en la comunicación con nosotros. Se ha hecho entender más y más en lo que quiere, y en lo que no quiere. Esto ha ayudado, no solo en su desarrollo, sino en aminorar la posible frustración que se presenta en esa edad. Esa “frustración” de no saber cómo decir que es lo que quieren los pequeños, y que los papás llegamos a interpretar como “berrinches”.

El día de ayer, en una videoconferencia con mi hija, pude ver que la exposición a ambos idiomas cada día se manifiesta más y más. No solamente me dijo “tranquilo” y “suficiente”, sino que supo aplicarlas correctamente. (Estas palabras las aprendió o en el colegio o en la guardería, pero nos sorprendió a mi esposa y a mí cuando las escuchamos). Pero, también me enseño un regalo que le hicieron unos amigos de la familia (los primeros que se hicieron en Buenos Aires), diciéndome en inglés los nombres de las figuras y de qué color eran. Responde preguntas en ambos idiomas y dice frases en ambos idiomas.

Conforme vimos que Romi tenía claro que quería, mi esposa y yo platicamos entre nosotros –y con nuestros familiares- de que evitaríamos el “adivinar” que es lo que nos intentaba decir la niña. Al hacer esto, no solo facilitábamos el hecho de que fuera aprendiendo las palabras, sino nos hacía más fácil la comunicación entre los tres. Al principio, Romi se desesperaba porque solo decía “ese” o “eso”. Siempre la tranquilizábamos, y lográbamos que nos escuchara y entendiera que no le entendíamos que quería. Al mismo tiempo, le señalábamos los objetos mientras decíamos el nombre del mismo. Hoy, a sus 2 años y 2 meses de edad, hemos visto los resultados. Estamos convencidos del poder que han tenido las palabras y la paciencia de nuestra parte en el desarrollo del lenguaje y aprendizaje de Romina…y nos encanta escucharla hablar y cantar.

Rafa Rojas

 

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Rafael Rojas

Bloguero de corazón y director de profesión at Descubriendo a papi
Papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina. Comparte sus aventuras y experiencias en la paternidad a través de su blog donde escribe apasionadamente acerca de su mayor inspiración: su hija. Asimismo, trabaja como Director de operaciones en una empresa dedicada a la Consultoría y Desarrollo de Tecnología, en la que pone en práctica lo aprendido en sus estudios de Administración de Empresas en la University of California, Riverside (Estados Unidos).
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