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¿Cómo viene a brillar el niño al que le va mal en la escuela?

Hace algún tiempo escuché a Sir Ken Robinson, un investigador revolucionario en el campo de la educación, contar la historia de una niña a la que su madre llevó a un especialista porque no podía adaptarse a la escuela. La niña era muy distraída, platicadora, desorganizada y sencillamente no podía permanecer sentada en clase. La madre le explicó el problema al especialista, quien observó cuidadosamente a la niña. Una vez terminó de escuchar, le indicó a la madre que necesitaba explicarle algo fuera del consultorio. La madre le dijo a la niña que permaneciera sentada en el consultorio mientras hablaba con el doctor.

Antes de salir del consultorio, el doctor encendió el radio para que la niña escuchara música. Al salir, le indica a la madre que observe a su hija por la puerta entreabierta. Segundos después, la niña se levanta y comienza a balancear su cuerpo al ritmo de la música.

El especialista le dice a la madre: “Señora, su hija no está enferma. Su hija es bailarina. Métala a una escuela de baile.” Y lo hizo. Esta niña se convirtió en una de las bailarinas más destacadas de la Escuela Real de Ballet de Inglaterra. Al graduarse fundó su propia compañía de baile, ha sido responsable por algunas de las obras más exitosas en el teatro y la danza, obras como “Cats” y “El fantasma de la ópera”, llevando placer a millones de personas y volviéndose multimillonaria.

Su nombre es Gillian Lynne. ¿Qué hubiera pasado con ella si la hubiesen medicado y forzado a pensar como los demás? ¿De qué nos hubiésemos perdido? ¿Cuánto estamos perdiendo por todos los “Gillian Lynne’s” que existen hoy, y que sus dones están siendo desperdiciados por nuestra falta de visión? ¿Qué es brillar? Más allá de las etiquetas… “Este niño es súper brillante…” “Pobre de este niño, no la va a hacer en la vida…” Cuando hablamos de brillar, ¿a qué nos referimos? Normalmente asociamos “brillar” con un resultado sobresaliente: “qué bien baila”, “es un excelente estudiante”, “qué puestazo tiene”, “qué bien le va”… El problema con esta visión de la capacidad humana, es que valora algunas capacidades muy por encima de otras.

Por razones que convienen principalmente a nuestro modelo socioeconómico actual, ser “abogado”, “actuario” o “doctor” tiene mucho más valor que el ser “maestro”, “albañil” o “pintor”. Y sin embargo, cada uno de estos oficios requiere de un conjunto de habilidades bastante especiales en sí mismas. Sin las aportaciones de cada una de estas profesiones, nuestras vidas sería mucho más complicadas. ¿Por qué entonces el albañil quiere que su hijo sea médico o abogado? ¿Por qué hemos creado esta escala en la que unos valen más que otros? Necesitamos redefinir qué significa brillar, para nuestros hijos y para nosotros mismos. “Si juzgas a un pez por su capacidad para trepar árboles, acabará creyendo que es un tonto.” Esta cita no tan famosa de Albert Einstein señala claramente lo que estamos haciendo con muchísimos niños de ahora, a través del modelo educativo actual.

Demasiados chicos brillantes – en su propio tipo de inteligencia – terminan la escuela pensando que son tontos. Que su tipo de inteligencia es poco valiosa. Que han defraudado a sus padres, a su familia. Que mejor se dedican a distraerse, a “perder su tiempo”. Al menos así se distraen del dolor de no sentirse suficientes. Además, quizá “allá afuera” haya personas que les hagan sentirse valiosos, acogidos, queridos… Los estamos empujando a actuar en la dirección opuesta de la que quisiéramos para ellos. Podríamos elaborar mucho más sobre los problemas del modelo educativo actual, y cómo a través de él estamos perpetuando la falta de equidad, la desconexión emocional y una profunda desvalorización de la persona. Pero esto no resolvería el problema. Nuestro concepto del valor humano – de lo que es valioso vs. lo que no – está matando el brillo que ya trae cada niño al nacer.

Todos vienen a brillar Los planteamientos sobre las inteligencias múltiples y la neurodiversidad han estado presentes durante más de dos décadas. Estos indican que existen diferencias en el procesamiento cognitivo, de una persona a otra. Así como hablamos de diversidad biológica o cultural, necesitamos ver de manera similar las distintas formas de procesar la información. Hace 10 mil años, el perfil de la persona brillante sería más cercano al de una con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Su capacidad para híperenfocarse, capacidad poco aprovechada en los ambientes escolares, le permitía pulir sus destrezas físicas para volverse un cazador letal. Creativo por naturaleza, inventa estrategias para rodear y atrapar incluso a los animales más peligrosos. Su tremenda energía le empoderaba para trabajar todo el día, volviéndole un excelente proveedor. Por supuesto, la aldea también necesitaba agricultores, pescadores, curanderos, constructores y cocineros, entre muchos otros oficios. La neurodiversidad es fuente de nuestra mayor riqueza. La estamos desperdiciando despiadadamente. La estamos juzgando y etiquetando de manera limitante, convirtiendo distintas formas de pensar, de relacionarnos y de aprender en “patologías”. ¿Qué podemos hacer?

El cambio puede comenzar en ti. El modelo educativo necesita reformas importantes, pero estas tardarán. De ti depende el que tus hijos y los niños que forman parte de tu vida se sientan valorados por su conjunto único de habilidades, y por su magia especial. Hay 3 cosas que necesitamos hacer para lograr esto: Tirar la perspectiva blanco/negro. Inteligente vs. tonto, brillante vs. ordinario. Reconocer el conjunto particular de habilidades del niño. En especial aquellas que ama poner en acción. Rodear al niño de las circunstancias para que pueda desarrollar sus habilidades y hacerlas florecer.(Pasión + Habilidad) x Práctica = DON

En otras palabras, al pez ponlo en agua, al chango cuélgale lianas. Esto puede sonar obvio, pero en nuestro sistema educativo sucede muy poco.

Está en tus manos como madre/padre el complementar la educación escolar de tus hijos con actividades extracurriculares que desarrollen su potencial, vinculando su pasión con lo que eligen explorar conforme van creciendo. Llevarlos a la clase de karate o de pintura no es suficiente. Asegúrate de elegir maestros que les apasione lo que hacen y que amen enseñar. Checa que al niño también le apasione – se trata de él/ella, no de lo que tú preferirías. Se vale que quiera cambiar de actividad, algunas personas necesitan variedad. Pero ayúdale a que aprenda a sostener su pasión, aún en periodos de aprendizaje más monótonos. A veces para experimentar un salto en ciertas habilidades hace falta practicar mucho, y esto puede ser poco estimulante por un tiempo. Una vez que el niño encuentre esa actividad en la cual su conjunto particular de habilidades e intereses (pasión) se ponen a funcionar de manera estimulante, estará en el lugar ideal para que desarrolle las capacidades que mejor le adaptarán para resolver problemas en su entorno. Este es un modelo más orgánico de aprendizaje, que le aportará al niño las experiencias y la retroalimentación positiva que necesita para sentir y saber que es brillante.

 

Con mucho cariño,

Gaby González.

 

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Un…

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Orientar y preparar a padres y maestros en cuanto a cómo acompañar, guiar y educar a los niños y adolescentes de ahora, teniendo en cuenta las características únicas de las generaciones más recientes y los cambios en el entorno sociocultural del momento histórico que atravesamos.
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