calma

¿Cómo mantener la calma?

“Ver a tu hijo ansioso, y particularmente si esa ansiedad está dirigida hacia ti, es la experiencia más emocionalmente perturbadora que hay. Espontáneamente aparecen pensamientos salvajes, sin ningún tipo de control, sobre un desastre épico. La rabia, las dudas sobre ti mismo y otros sentimientos destructivos nublan rápidamente tus pensamientos. ¿Y si pudieras arreglártelas para dejar esos pensamientos a un lado y, en un sentido análogo a la meditación, concentrarte en el momento, en recordar cómo respirar? Eso te ayudaría a centrarte en tu hijo, y en la situación inmediata en lugar de las implicaciones globales“. — Claudia Gold

Cuando tu hijo se muestra rebelde, da golpes o, simplemente, está ansioso o descontrolado, es natural que en nosotros cunda el pánico. Caemos en la “lucha, huida o bloqueo” porque lo sentimos como una emergencia. Y si la angustia de nuestro hijo está dirigida hacia nosotros, entonces parece como si se convirtiera en el enemigo.

Pero es natural que los niños tengan grandes sentimientos, y que los saquen a relucir. Si nosotros perdemos el “control” cuando nuestro hijo está alterado, le estamos transmitiendo el mensaje de que sus sentimientos no están permitidos, lo cual no le ayuda a aprender a regular sus emociones. Aún peor, ¡le estamos diciendo que no podemos controlarnos nosotros hasta que él se controle a sí mismo! Algo así no es lo que queremos para dar ejemplo.

Sabemos que, sin duda, podemos gestionar mejor cualquier situación en lo que respecta la crianza si lo hacemos desde un estado de calma. Pero cuando caemos en las redes de las emociones fuertes no estamos pensando. No podemos ayudarnos a nosotros mismos.

¿O sí podemos? ¿Y si hubiera tres pasos que nos ayudaran a mantenernos en calma, Y que ayudaran a nuestro hijo a no estar disgustado tan frecuentemente? Los hay.

PASO 1: Regula tus propias emociones

DETENTE, DEJA lo que quiera que estás haciendo y RESPIRA profundamente.

Reduce la presión: recuérdate a ti mismo que no hay ninguna emergencia. Nadie se está muriendo.

Cambia tus pensamientos: repite un pequeño mantra en tu mente: “Está actuando como un niño porque ES un niño. Yo soy el adulto aquí“.

Suelta físicamente tu tensión: Encuentra en qué parte de tu cuerpo estás reteniendo la tensión y sácala de ahí. Respira hondo y expúlsala. Haz un sonido fuerte (pero no amenazante). Con frecuencia, el agua nos ayuda a volver a la tierra. Pon tus manos bajo el grifo, o bebe un vaso de agua.

Estate aquí y ahora. Si puedes traerte a ti mismo hasta el momento presente, tu malestar se reducirá. Eso es porque cuando estamos alterados, en realidad estamos respondiendo exageradamente — explotamos por algo del pasado (“¡Mis padres me habrían dado un cachete por decir algo así!“) o tenemos miedo del futuro (“¡Mi hijo va a convertirse en un sociópata!“). En este momento, si puedes dejar pasar todo eso, no hay ninguna emergencia.

PASO 2: Realza la energía

Haz las cosas de un modo emocionalmente seguro. Di “Estamos teniendo un momento duro, cielo. Intentemos empezar de nuevo“.

Empatiza. Reconoce la perspectiva de tu hijo. “Parece que quieres _______.”.

Encuentra el punto en común. ”Tú necesitas _______, y yo necesito _______. ¿Qué podemos hacer para solucionar esto?“.

Conecta. En este momento, ¿qué podría sanear esta situación? Todo lo demás puede esperar.

Ayuda a tu hijo a regularse emocionalmente. Muchas veces, la mejor manera en que los niños hacen esto es llorando en nuestros brazos o ante nuestra presencia. Ahora que tú estás calmado, puedes ofrecer tu compasión para ayudarle a sentirse lo suficientemente seguro para llorar. Respira durante ese momento, y recuérdate a ti mismo que sus lágrimas representan su manera de abrir su corazón a la reconexión.

PASO 3: Aprende la lección

Aprende. Cuando estés en calma, busca aquello de lo que puedas aprender con lo que ha sucedido. ¿Cómo puedes ayudarte a ti mismo a mantenerte más regulado emocionalmente? (¿Dándote más tiempo? ¿Durmiendo un poco más? ¿Reduciendo los compromisos? ¿Viendo las cosas desde la perspectiva de tu hijo?).

Enseña. Posteriormente, cuando tú y tu hijo os sintáis en calma y conectados, dile: “Hemos tenido un momento difícil hoy, ¿verdad? Siento haberme alterado. Supongo que estaba preocupado. Estoy haciendo todo lo que puedo por no gritar. ¿Qué podemos hacer de otra manera los dos la próxima vez?“.

Cambia. Si ésta es una situación recurrente, elabora una lista con las posibles soluciones y empieza a intentarlas. La vida es demasiado corta como para dejar que los problemas se repitan una y otra vez.

En la ira del momento no recordarás estos pasos. ¿Por qué no hacer una pequeña nota o “chuleta” y llevarla contigo? Unos pocos meses de práctica, y ni tan siquiera recordarás cuándo fue la última vez que perdiste los nervios con tu hijo.

Traducido del artículo “3 Steps to Stay Calm When Your Child Isn’t“, por Dr. Laura Markham, fundadora de AhaParenting.com y autora de Peaceful Parent, Happy Kids: How To Stop Yelling and Start Connecting.

Con todo el cariño,

Luis Carlos y Gaby

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