Cami

Mi hija es voluntariosa. Es niña “Fuerza”

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Mi hija es voluntariosa. Es niña “Fuerza” como yo le llamo a estos niños que nacen diciendo “YO PUEDO” antes de aprender a hablar.

Es súper hacendosa: siempre está jugando a algo – inventando, corriendo de un lado a otro, gritando de emoción, cambiándose de ropa, e invitando a todos a seguirle la corriente. Parece una súper ejecutiva de alto rendimiento en acción, y aunque un adulto podría pensar que no es así porque no tiene una agenda u objetivo en mente, yo sé que sí lo tiene: vivir en el momento, siendo feliz.

La mayoría de las personas que conocen a Camila dicen cosas como: “¡Esta niña es dinamita!” “¡Qué genial esa chispa que tiene!” “No para nunca, ¿verdad?” Y también cosas como: “Pobre de ti…” “¿Cómo puedes con tanta energía?” “¿Ya checaste si es hiperactiva? Porque si lo es, tienes que darle medicamento…”

Yo veo a Camila con otros ojos – como “vida en acción”, fuerza, energía, alegría, movimiento constante… con pequeñas pausas que se agradecen. Pero no importa cómo lo quiera ver, si tienes un hijo así sabes que tienes un reto grande, y que sí puede ser agotador. Y sabes que la gente alrededor de ti te juzga, de inmediato etiquetan a tu hij@ y hasta quieren decirte cómo “arreglar el problema”.

¿Qué pasaría si les das la vuelta a todas estas etiquetas que se le ponen a los niños Fuerza, si les ves la cara positiva y constructiva?

Mi hij@ no es impositiv@. Es decidid@.

Mi hij@ no es explosiv@. Es emotiv@.

Mi hij@ no es griton@. Es expresiv@.

Mi hij@ no es travies@. Es curios@.

Mi hij@ no es demandante. Sabe lo que quiere.

Mi hij@ no es desobediente. Es independiente.

Mi hij@ no es problemátic@. Es poderos@.

Es un Niñ@ Fuerza.

Una noche, mientras recogíamos la mesa después de nuestra cena de Acción de Gracias (Thanksgiving), a Camila se le ocurrió llevarse la salsa picante a su cuarto. Llenó el recipiente con agua, revolvió la mezcla, le agregó unas monedas y, por qué no, un reloj de pulsera, ahí dentro. Llegó feliz a contarme – “¡Mami, ven a ver cómo quedó mi gelatina!”

Claro que es muy fácil para quienes no tienen un niño así, pensar que mi hija es malcriada, que actúa con “alevosía y maldad”. Que es demasiado impulsiva y que no piensa las cosas antes de hacerlas. Que no tiene límites y que por eso no sabe respetar su lugar en la fila y es demasiado impaciente.

Sí, no es una “perita en dulce”, cuesta trabajo contenerla e irla guiando. ¡Pero es asombrosa! Y quienes pueden ver más allá de la superficie, quienes tienen la sensibilidad y el ojo entrenado, se dan cuenta de que es una niña que está aprendiendo a manejar sus emociones. Que está abierta a tantos estímulos que por momentos se siente inundada – es como si estuviese viendo 5 películas y leyendo 20 libros al mismo tiempo.

Camila va a cumplir cuatro años. Ya ha dado muchos pasos, ya regula y maneja muchos de sus impulsos, y está aprendiendo a relacionarse con otros niños, “negociando” a qué jugar y tomando en cuenta sus necesidades. También conmigo. Pero durante los últimos tres años he necesitado aprender a ser paciente. A saber esperar, sin pretender que lo aprenda todo de una buena nalgada, para que mi vida sea más fácil. A contenerla con un abrazo o con las palabras correctas, esas que le ayudan a salir de su confusión y a saber qué es lo que realmente quiere. A ser una brújula para ella, para que sepa hacia dónde dirigir su energía imparable. A ser la mamá Mentora que ella necesita.

Y también veo los frutos: veo cómo se acerca a los adultos y les habla de tú a tú, con una confianza que los deja asombrados. Cómo intenta cosas nuevas y se lanza a la vida con un coraje que grandes guerreros envidiarían.

No cambiaría nada en ella, ni un pelo de su risado y juguetón cabello. Porque esa es Camila, mi niña Fuerza.

Dedicado a todos los padres que nos han preguntado “¿Qué hago con mi hij@? Nada me funciona… estoy desesperad@ y no sé que hacer.” Espero esto les sirva de brújula, al menos para empezar el camino efectivo.

Con cariño,

Gaby González

Co creadora del Método Paternidad Efectiva

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