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LAS HISTORIAS TERRORÍFICAS DE SANTIAGO

A terapia llegó Santiago, un chico de 12 años, que vivía constantemente asustado. A pesar de su edad, no salía solo a la calle, ni siquiera para ir a su escuela que quedaba a unas pocas cuadras; dormía con la luz encendida, y cada noche su madre debía acompañarlo hasta que conciliara el sueño. Si veía en televisión noticias de violencia o accidentes, o películas de miedo, era seguro que tendría pesadillas esa noche. Temía que le dejasen solo en cualquier lugar, porque podría pasarle algo y no habría nadie para socorrerlo.

 

Su terapeuta lo invitó a observar algunas láminas con diferentes personajes y lugares, y le pidió que creara una historia a partir de las que escogiera. Santiago relató el siguiente cuento: “Una tarde venía un bote navegando hacia el muelle y de pronto apareció un enorme tiburón que amenazaba con destruir el muelle. Una señora en silla de ruedas que estaba allí lo vio y gritó por ayuda. Llegó un policía y empezó a dispararle, pero no logró herirlo. De pronto apareció un niño en el muelle. El hombre del bote era su papá que venía para recogerlo para llevarlo a casa, pero su papá estaba tan asustado por el tiburón que no era capaz de acercarse al muelle. Entonces el niño gritó ¡Superman sálvanos!, y éste llegó y se llevó el tiburón a otro planeta. Fin.”

 

El terapeuta preguntó a Santiago quién era él en el cuento, respondió que era el niño pero que deseaba ser Superman para resolver todos los problemas de su vida. Además, admitió que con frecuencia se sentía desvalido, inseguro e inútil. Acto seguido, el terapeuta le pidió que, representando el niño, escogiera a otro personaje y le hablara. Santiago escogió al padre del niño y le dijo “¡Tú debiste haberte encargado del tiburón! ¡Superman no puede salvarnos siempre!”. Los padres de Santiago se habían divorciado hacía unos años, y aunque su madre dijo que lo había manejado bien y mantenía una buena relación con su padre a quien con frecuencia veía, la realidad era que Santiago sentía resentimiento hacia su padre y el divorcio, pues sentía que su madre era ahora su responsabilidad. En el momento en que Santiago fue capaz de admitir su temor hacia esta enorme responsabilidad que había asumido sin que nadie se lo pidiese, pudo empezar a encontrar las herramientas para enfrentar todos sus temores.

 

Muchas veces, nuestros hijos se cuentan historias o se forman ideas para enfrentar realidades que no comprenden del todo, o que son muy dolorosas. Es nuestro trabajo como padres, estar muy atentos a los mensajes que les enviamos en lo que les decimos y cómo se los decimos, y de igual forma brindarles información clara y suficiente sobre la situación según su edad y capacidad de comprensión.

 

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