paciencia

¿ERES PACIENTE O TIENES PACIENCIA?

La palabra paciencia proviene del latín pati que significa sufrir; al castellano se introdujo como patiens para los enfermos con el significado “el que sufre”. Actualmente es considerada como una virtud de una persona que a pesar de las dificultades sabe esperar con calma a que las cosas se resuelvan.

 

Poniéndonos en el contexto de la paternidad, muchos consideran que lo que más nos hace falta a los padres es paciencia. Sin embargo, teniendo en cuenta el origen de la palabra, no creo que lo que nos haga falta a los padres sea sufrir, sino todo lo contrario, creo que lo que nos hace falta es dejar de someter a nuestros hijos a sufrimientos innecesarios, como, por ejemplo: constantes luchas de poder, regaños y castigos por no cumplir nuestras expectativas, someterlos, humillarlos, no valorarlos, no escucharlos, no tener en cuenta sus sentimientos y opiniones, entre muchas otras cosas. En este sentido, los que deberían ser pacientes son nuestros hijos o ¿no?

 

Ahora, si nos vamos al significado que se le da actualmente a la palabra paciencia, ¿cuántos de nosotros como padres sabemos ESPERAR CON CALMA a que las cosas se resuelvan? Siendo sinceros, ¿quién toma con calma un berrinche? ¿quién toma con calma el ritmo al que nuestros hijos hacen las cosas? ¿quién toma con calma una mala calificación, un mal comportamiento, una objeción o transgresión de un límite? Teniendo esto en cuenta, ahora sí creo que estarás de acuerdo conmigo en que la virtud que más nos hace falta practicar a los padres sí es la paciencia.

 

Poniéndonos literales con lo dicho hasta el momento, si nuestros hijos están siendo “pacientes” (pues son los que “sufren”) y a nosotros nos falta ejercer la paciencia (pues no sabemos cómo esperar con calma), ¿qué podríamos hacer para asumir responsablemente nuestro rol como padres y dejar de causar daño a nuestros hijos? Creo que el ejercicio de la paciencia como padres debería enfocarse en los siguientes puntos, para dejar de tener hijos pacientes y lograr tener hijos sanos y saludables:

 

  1. Respetar cada etapa de crecimiento y desarrollo de nuestros hijos
  2. Disfrutar de nuestros momentos con ellos, sin condiciones, juicios ni críticas
  3. Acompañar y validar sus emociones, opiniones, e individualidad
  4. Enseñarles y modelarles cómo asumir responsabilidad por su vida y sus acciones
  5. Permitirles caer y errar para que puedan de ello aprender y crecer

 

 

El fin último de la paciencia debería ser esperar con calma recorrer el camino de la vida, para disfrutar de cada momento, para aprender de cada evento, para tener la oportunidad de decidir a cada instante quién ser y cómo hacerlo… Tus circunstancias no determinan tu vida, sino lo que tu hagas y crees a partir de ellas. Y para cerrar una pregunta ¿Hoy quieres seguir siendo “paciente” o te gustaría aplicar “la paciencia”?

 

Con cariño,

 

Alexandra Parada

 

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