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ÉRASE UNA VEZ UNA SABIA ANCIANA…

Jaqueline de 8 años asistía a terapia debido a sus constantes explosiones de ira y poca tolerancia a la frustración, especialmente cuando recibía de respuesta un NO a sus pedidos. Tanto en casa como en la escuela, diariamente tenía conflictos con sus padres y maestros.

A Jaqueline le encantaba pasar sus sesiones jugando con el teatrino y los títeres. Tenía una gran inventiva para recrear historias, con grandes tramas, y heroicos finales. Un día le pidió a su terapeuta que representara uno de los personajes en la historia, y que le pidiera consejos sobre diferentes situaciones.

La niña representaba un títere de una anciana y la terapeuta de un joven padre. El joven padre se acercó a la anciana buscando su consejo “¡Oh! Bondadosa sabia, vengo en busca de su ayuda. Conozco una niña que juega baloncesto, pero como su entrenador no la deja jugar como titular, le dan unas fuertes explosiones de rabia, y eso afecta sus notas en la escuela, pero no desea abandonar el equipo. No deja que su madre hable con el entrenador y ella está muy preocupada.”

La anciana contestó: “Voy a cerrar mis ojos para comunicarme con mi hada madrina”. Después de unos minutos en silencio dijo “Mi hada dice que el entrenador debe dar más oportunidades de práctica a la niña para que así pueda mejorar. Sólo la dejó intentar una vez y no le fue muy bien, así que ahora sólo la deja en la banca. ¿Ahí cómo va a mejorar? A esa chica le encanta el baloncesto”. En ese momento bajó el títere, y Jaqueline dijo “Si mi mamá va y le dice algo a mi entrenador, todas se burlarán de mí y me dirán que soy una bebita”, y rompió en llanto.

Su terapeuta la dejó descargar todas estas emociones que traía adentro; incluso, tomó varias sesiones para lograr que Jaqueline se animara a realmente sacar todo lo que la enojaba de esta situación, así como todos los sentimientos de frustración e impotencia asociados. A través del juego con los títeres crearon diferentes escenarios para animar a que la niña encontrara una solución por sí misma.

Cuando Jaqueline ensayó todos los posibles escenarios, en este ambiente seguro, libre de juicios y burlas, encontró la seguridad en sí misma y la manera de solucionar su situación con el entrenador. Se le ocurrió una manera de practicar y mejorar en su deporte favorito, y se animó a pedirle a su entrenador una nueva oportunidad. Reencontrar la confianza y los recursos en sí misma la ayudó a recuperar su sentido de poder personal, y sus iracundas explosiones desaparecieron.

Es normal que como padres sintamos la necesidad de ayudar y proteger a nuestros hijos, especialmente cuando vemos que sufren, o que se frustran, o que fracasan. Sin embargo, estos sentimientos son un área fértil de aprendizaje y, como todos, son pasajeros. Si enseñamos a nuestros hijos a validar este tipo de sentimientos, a aceptarlos, vivirlos, soltarlos y/o transformarlos en un área de aprendizaje y crecimiento, no sentirán la necesidad de ocultarlos, negarlos o reprimirlos. No hay mayor libertad que darle rienda suelta a nuestro flujo de sentimientos, pues es la conexión directa con nuestra esencia y es la mejor forma de experimentar nuestra humanidad. ¿cómo manejas tu frustración y tu enojo? ¿qué haces cuando tu hijo se enfrenta con la frustración y el fracaso?

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