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EL ROL DE LA CONGRUENCIA EN LA PATERNIDAD

Muchos de nosotros en el momento en que nos convertimos en padres pensamos que tenemos total control, voz y voto sobre la vida de nuestros hijos. Asumimos inconscientemente un rol impositivo y lleno de expectativas sobre cómo deben ser nuestros hijos, cómo deben comportarse, quiénes deben llegar a hacer, y qué cosas deben lograr para tener éxito. Esta es una creencia que hemos heredado de generación en generación, y es considerado “normal” en nuestra sociedad.

 

A medida que nuestros hijos van creciendo, van desarrollándose, y convirtiéndose en personas con voz y voluntad propia, empiezan a chocar con nuestras expectativas. Les ponemos reglas, les exigimos determinados comportamientos, y constantemente estamos esperando que ellos hagan y cumplan lo que nosotros esperamos de ellos. Pero, yo te pregunto, ¿qué tan congruente son tus exigencias con tu actuar? ¿Es congruente lo que les pides con su edad, con su desarrollo? ¿Estás siendo congruente como padre al esperar constantemente cosas de ellos sin tener en cuenta su individualidad?

 

La congruencia, en mi opinión, juega un papel central en nuestra paternidad. En primer lugar, a veces nos enfrascamos en luchas de poder con nuestros hijos, pidiéndoles que se porten bien, que sean amables, que digan “por favor” y gracias”, que no usen malas palabras, que sean limpios y ordenados, entre muchísimas otras expectativas. Sin embargo, pocas veces nos miramos a nosotros mismos y nos preguntamos si nosotros hacemos eso que pedimos, si les estamos modelando el comportamiento que estamos esperando de ellos. Como padres, se nos ha hecho creer que nuestros hijos deben obedecer ciegamente cualquier orden que les demos. Pero, se ha comprobado ampliamente, que la mejor manera de inculcar algo en nuestros hijos es con el ejemplo, con la acción, no con las palabras.

 

En segundo lugar, a veces nos falta congruencia entre lo que esperamos que nuestros hijos hagan y la edad que tienen. Generalmente, les pedimos que hagan cosas que ellos aún no están preparados para hacer, ya sea porque no lo comprenden aún o porque su mandato de vida los impulsa a experimentar las cosas de una manera distinta. Muy pocos de nosotros nos informamos sobre el desarrollo de nuestros hijos y sus etapas de crecimiento no sólo físico sino psicológico y emocional. El mejor ejemplo de esto es pedirle a un niño menor de 7 años que se quede quieto por más de 5-10 minutos. Esto normalmente no sucede, porque ¡no es lo que toca en esa etapa! Su mandato de vida los llama a moverse, a explorar, a divertirse, a maravillarse con el mundo que los rodea.

 

En tercer y último lugar, está la congruencia entre querer que nuestros hijos sean felices, pero esperar de ellos que lo hagan a nuestra manera, o que realicen las cosas que nosotros en nuestro momento no tuvimos la oportunidad. Consciente o inconscientemente cargamos a nuestros hijos con nuestras expectativas de metas y sueños personales no cumplidos, esperando que ellos vivan la vida que nosotros no pudimos. Podemos enfrascarnos como padres en un lugar muy empobrecedor, donde estamos esperando constantemente cosas de ellos que no nos pueden dar, por el simple hecho de que son individuos, diferentes a nosotros, con una vida propia, un camino personal y único que vinieron a recorrer. Podemos caer en un ciclo vicioso de luchas de poder, en las que podemos minar constante y profundamente la esencia de nuestros hijos. Podemos hacerlos perder su rumbo, al estar ellos constantemente tratando de complacerlos, y llevarlos a una vida llena de resentimiento y rencor.

 

Ser padre no es fácil, no hay manuales, no hay pautas exactas para el éxito. Pero dentro de cada uno de nosotros hay una brújula increíble y poderosa, nuestro corazón. Conecta con tu sabiduría parental, y empieza a vivir cada día como la mejor versión tuya, o como la persona que siempre quisiste ser. Confía en que la manera como tú vivas tu vida es el mejor ejemplo y la mejor motivación para que tus hijos sean las mejores versiones de sí mismos y puedan vivir la vida de sus sueños.

¿De qué te das cuenta?

Con cariño, Alexandra Parada.

 

 

 

 

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