impongo

Cuando no me impongo siento que mi hijo se me va a salir de control

Si te lo tengo que repetir una vez más…

¡No me hagas ir para allá!

¡Ya verás como te va a ir!

¡A mí no me contestas así, no somos iguales! ¡Me respetas porque soy tu madre!

En muchas ocasiones la desesperación de que el niño no haga caso es tan grande que usamos estos recursos, ¡y más!

En una ocasión recuerdo que mi amiga me contaba desesperada un suceso con su hijo.

Venían regresando de un fin de semana largo. Su hijo mayor (de 9 años) estaba agotado, pero tenía que terminar su tarea, y además se tenía que bañar porque estaba mugroso del viaje. El niño tenía planes muy diferentes, él llegó directo a la cama. Y ahí mi amiga se enganchó y comenzó a regañarle.

A las 7:30 p.m. los gritos se escuchaban por todos lados en la casa. Mi amiga estaba desesperada, pues sus recursos habituales no le estaban funcionando para nada.

Su hijo decidió ignorarla. No sólo estaba dispuesto a no acabar la tarea, tampoco obedecería a su mamá en la cuestión del baño. Simplemente no iba a ceder.

Mi amiga no aguantó más esa insolencia. Utilizando toda su fuerza lo tomó de los brazos y lo metió a la regadera con todo y ropa, y entre gritos y sombrerazos se dijeron e hicieron cosas muy hirientes.

El pleito acabo en: “TÚ Y YO NO SOMOS IGUALES. A MÍ ME RESPETAS Y ME OBEDECES PORQUE SOY TU MADRE”

El niño llorando y después de haber contestado de maneras muy retadoras, acabó por decirle mientras lloraba: “Eres una mamá muy mala, la peor del mundo.”

Mi amiga estaba que explotaba, dice que jamás había sentido tanta impotencia. Estaba enganchadísima con su hijo. Ese niño dulce, cariñoso y obediente se estaba transformando. Ella no estaba preparada para recibir a este nuevo ser, que retaba su autoridad y que no estaba dispuesto a recibir más maltrato de su parte.

Ella confesó que durante años, la nalgada había sido un buen recurso. Jamás lo vio como un golpe, sino como una pequeña nalgada correctora. Sin embargo, ahora se daba cuenta de que quizá no fue el mejor método. Su hijo ya no estaba dispuesto a recibir sus malos tratos. Ninguno de los dos quería perder la batalla. Y ese niño dulce que alguna vez fue, ya no iba a ceder tan fácilmente.

Para mi amiga la situación parecía un callejón sin salida. Ella es una “mamá voluntad”,  muy entregada a su familia y a sus hijos. Pero en este caso en particular tenía una venda en sus ojos. No entendía la necesidad de fondo de su hijo. Ella sólo quería ganar el respeto y la autoridad que alguna vez había tenido en casa, sin darse cuenta de que su hijo necesitaba otra cosa de ella.

En ese caso ninguno de los dos iba a ganar. La situación se iba a hacer más grande hasta que alguno de los dos se proclamara nuevamente victorioso. Lo difícil de esta dinámica es que en una guerra realmente nadie sale victorioso. Todos pierden, y mucho. Ya estaban perdiendo la conexión entre ellos, cada vez más alejados y resentidos. Aunque se amaban profundamente, el choque de voluntades de un “niño fuerza”, atravesando la edad del no retorno (8 a 9 años) y una “mama voluntad” sintiendo que perdía su poder, estaba deteriorando la relación y lastimando sus corazones profundamente.

Le ayudé a comprender por qué necesitaba moverse del papel de “porque lo digo yo” al de “aquí estoy, te veo”. Las cosas tardaron un par de días en mejorar. En ocasiones regresaban a su enganche habitual, pero ella se esforzó en trabajar con su necesidad de imponer. “Gaby es que cuando no me impongo me da mucho miedo, siento que mi hijo se me va a salir del huacal”, me decía.

Siguió trabajando en conectar cada vez más con el corazón de su hijo, y descubrió que aquel niño dulce y cariñoso todavía estaba ahí, pero que atravesaba una etapa en la que se sentía profundamente solo y confundido. Detrás de su apatía y su rebeldía, la necesitaba más que nunca.

Su relación mejoró muchísimo. Aunque siguen teniendo sus choques ocasionales, ahora se entienden uno al otro.

¿Qué haces tú cuando tu hijo no te hace caso? ¿Cuándo te enganchas? ¿Qué te funciona? COMPARTE, me encanta leer tus comentarios y dialogar.

Con cariño,

Gaby González

 

Gaby González
Sígueme

Gaby González

Orientar y preparar a padres y maestros en cuanto a cómo acompañar, guiar y educar a los niños y adolescentes de ahora, teniendo en cuenta las características únicas de las generaciones más recientes y los cambios en el entorno sociocultural del momento histórico que atravesamos.
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