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Cuando el niño se apaga… La depresión en los niños

Hace algún tiempo, estuve platicando con Charo Fernández sobre cuánto hemos avanzado en México en cuanto a la educación sobre el manejo de las emociones y su importancia. Si bien los padres cada vez usamos menos violencia física y/o emocional, aún tenemos mucho camino por recorrer. Uno de los problemas más grandes que acarreamos hoy casi sin darnos cuenta, es la presión. Hemos creado un contexto en nuestra sociedad en el cual nuestros niños viven bajo una presión MUY alta, cada vez a más temprana edad. La semana pasada platicaba con el padre de un chiquillo de 4 años, que sale de la guardería a hacer 2 a 3 horas de tarea, y que ya vive con la presión de que no está rindiendo lo suficiente. ¡¡4 años!!

En el mundo adulto la exigencia laboral ha aumentado vertiginosamente y la rotación laboral y el desempleo asechan en cada rincón. Aún un desempeño excelente no es garantía de seguridad en el trabajo. ¿Quién se ha subido a un taxi conducido por un profesionista con maestría? Yo sí, varias veces. Ojalá el problema se quedara en nosotros los mayores. Lo grave es que los adultos estamos proyectando esta presión – y los miedos que la generan – en nuestros niños y jóvenes de ahora. Puedo escuchar claramente el mensaje de nuestra neurosis colectiva: “Apúrale y échale más ganas, porque quién sabe si mañana la vayas a librar allá afuera.” Cuando un pequeño por mucho que le haga no puede adaptarse a las expectativas del mundo adulto, llega el momento en que “tira la toalla”. “Esto que soy no es suficiente para ellos,” es lo que siente en su corazón, lo que dice su vocecita. Muchas veces, este camino lleva a una depresión. Pero hay muchas rutas que pueden llevar a ese lugar.

Tratemos primero de entender más sobre qué es la depresión y cuál es el contexto en el cual sucede. Hoy día se habla mucho sobre depresión. Es una condición que aflige a casi 1 de cada 5 mexicanos, según estadísticas del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI). De este 20% de la población, sólo 1 de cada 10 recibe atención profesional. De acuerdo a una Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (ENEP) realizada en el 2002, el 2% de los niños y jóvenes (menores de 18 años) del país ha recibido atención psiquiátrica por causa de depresión mayor. En Estados Unidos la cifra alcanza el 5%. La depresión es una condición en la cual se observa un estado de ánimo bajo y una pérdida de interés por las actividades diarias. Este estado puede estar acompañado por un pobre sentido de valor personal, falta de energía y dificultad para concentrarse. Tanto en niños como en adultos, los sentimientos asociados a la depresión interfieren con su capacidad para funcionar normalmente, ya ni hablemos de óptimamente. Causas y orígenes Existe una diversidad de causas para la depresión. En muchas ocasiones hay una combinación de factores que contribuyen a desatar esta condición.

Algunas circunstancias que pueden contribuir a detonarla en los niños son: Problemas familiares, en especial en los padres Separación de los padres Muerte de un familiar o amigo cercano Abuso sexual Bullying (acoso escolar o de otro tipo) Negligencia, abandono emocional y/o del cuidado del niño Problemas de salud fuertes o una enfermedad grave Bajo rendimiento escolar Cambios fuertes en la forma acostumbrada de vida Uso de alcohol o drogas por parte de uno o ambos padres Uso de alcohol o drogas en la adolescencia Pareciera que (al menos estadísticamente) la depresión corre en las familias, y que hay una predisposición genética hereditaria. Yo me inclino más, y es mi opinión (es debatible), a ver la depresión en las familias como herencia psicológica. Los niños están profundamente vinculados a sus padres. Por supuesto que asimilan y adoptan patrones que, después de todo, parecieran funcionar para los adultos a quienes emulan. Con frecuencia descubro con mis pacientes patrones psicológicos que se ha repetido durante generaciones en sus familias. No es necesario crecer en este contexto para estar sujeto a una crisis depresiva. Todos somos susceptibles – en mayor o menor grado – a caer en ese estado. Y todos hemos pasado por ahí; no me gusta generalizar, pero en este caso me atrevo a hacerlo. Recuerda cuando falleció esa persona muy cercana a ti, o cuando viviste una experiencia muy fuerte ante la cual no pudiste hacer nada… Es posible que hayas pasado por un estado depresivo. El problema no es la tristeza profunda, o la rabia impotente; el problema es quedarse ahí.

Gracias a que lo has vivido y sabes lo que se siente, tendrás la sensibilidad necesaria para ver o intuir cuándo un ser querido puede estar en depresión. Esto incluye a tus niños, aunque los síntomas y los indicadores son algo distintos en ellos. Síntomas e indicadores Las circunstancias que rodean a un niño no necesariamente resultan en depresión. La depresión es un mecanismo que se puede detonar cuando el niño (o la persona) no se siente capaz de manejar sus circunstancias. Ejemplo: “Por más que hago, no logro que mis papás me vean y me reconozcan. Me rindo…”. Si observas algunos de estos signos de manera persistente en alguno de tus hijos, es momento actuar: Tristeza frecuente (con o sin llanto) Falta de interés en sus actividades (en especial aquellas que antes le encantaban) Desesperanza Aburrimiento persistente Energía baja, “aplatanamiento” Aislamiento social, poca y pobre comunicación con amigos Baja autoestima Culpa Hipersensibilidad al rechazo o al fracaso Aumento en la irritabilidad; rabia u hostilidad Dificultad para mantener sanas sus relaciones Enfermedades o malestares frecuentes (gripa, dolor de cabeza, de estómago, etc.) Ausentismo escolar Bajo rendimiento escolar Cambios fuertes en hábitos de sueño (dormir mucho o muy poco) Cambios fuertes en hábitos alimenticios (dejar de comer o hacerlo constantemente) Mención o intento de querer irse de la casa Comportamiento autodestructivo (autolesionarse, alcohol, drogas, etc.) Ideas, expresiones o intento de suicidio Sobre todo es importante observar (1) el contexto y (2) el cambio en la conducta, tanto en niños como en adolescentes. ¿Qué está pasando en casa, en la escuela, con los amigos, novio(a), etc.? ¿Cómo está reaccionando ante estas circunstancias? Un niño que antes jugaba con sus amigos, ahora pasa el tiempo solo. Las cosas que le divertían ahora ya no o muy poco. Puede también estar “dando lata” en la escuela o en la casa – está descargando su frustración, tratando de decir algo.

El adolescente puede vivírsela de fiesta en fiesta, posiblemente usando alcohol y/o drogas como vía de escape, para no estar “down” todo el tiempo. Y como no necesariamente se ve triste, nadie se da cuenta de que está deprimido. En casi todos los casos, detrás de la depresión hay un mundo de rabia y un sentimiento de impotencia. El niño o joven puede decir que quisiera morir, o hablar de cómo sería quitarse la vida, casi como un juego: “¿Qué pasaría si me muero…?” Una cosa es la curiosidad por entender qué es la muerte que vemos en los niños pequeños, y otra muy distinta es “coquetear” con la muerte. Esta en particular es una señal que por ningún motivo debe dejarse pasar como “cosa de niños”. Qué hacer Si notas que tu niño o adolescente tiene varios de los síntomas en la lista anterior, inmediatamente consulta a un profesional de tu confianza: psicólogo, terapeuta o psiquiatra. El diagnóstico es esencial, y mientras antes se actúe mejor. La depresión es una condición real que requiere de ayuda especializada. Debido a que en la inmensa mayoría de los casos los padres forman parte del problema, se den cuenta o no, NO hay que tratar de arreglarlo en casa. Mientras más se espere, más puede agravarse la condición. Demuéstrale tu amor y tu apoyo llevándolo con un experto.

El tratamiento puede requerir de varios acercamientos. Especialmente en el caso de los niños y adolescentes, la terapia familiar es recomendable. Los padres necesitan darse cuenta de cómo cada uno puede estar contribuyendo a crear las circunstancias que detonan la depresión. En caso de ver a un psicoterapeuta o psicólogo, pregúntale si el niño necesitará medicamento antidepresivo. Es probable que necesiten ver a un psiquiatra como apoyo al proceso.

En casa hay varias cosas que podemos hacer:

Sé empático con tu hijo.

Platica con él, escucha.

NO sermonees; deja que exprese lo que piensa y siente.

NO presiones; respétalo, su estado cambiará conforme su proceso terapéutico madure. Sé paciente.

Date cuenta de qué tanto tú te has desconectado emocionalmente de tu hijo.

¿Qué necesita cambiar en ti para poder reconectarte? Hazlo. Si necesitas ayuda, búscala. Llévalo a hacer ejercicio, de preferencia en alguna actividad que le guste. Es importante que se mueva. (Consulta esta opción con su terapeuta, si bien aplica en la mayoría de los casos, hay excepciones.)

Mantente al tanto de los avances de su proceso terapéutico, respetando la confidencialidad. No acoses a tu hijo queriendo saber qué platico o hizo en consulta.

Dale espacio.

El amor es la medicina más importante. Bríndale amor como tu niño lo necesita, no tú. ¿Reconoces la diferencia? Si no, pide ayuda. De otra forma puedes estar agravando la situación.

Cada niño trae una luz muy importante a nuestro mundo. Han venido a brillar, no académicamente, ni para darnos orgullo o satisfacción. Su brillo es la luz de su esencia, que tiene un valor incalculable. Esa chispa de vida que nos hace sonreír, por la que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa… No permitas que se apague. Bríndale la seguridad, la contención, el apoyo y el amor que necesita.

 

Con cariño,

Luis Carlos y Gaby

 

Luis Carlos y Gaby
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Luis Carlos y Gaby

Directores bei Niños de Ahora
Pareja de psicoterapeutas, padres de tres hermosos niños, coaches y conferencistas renombrados. Cofundadores de Niños de Ahora, son los creadores del Método Paternidad Efectiva, con el cual despiertan la sabiduría que sus alumnos llevan dentro para que ejerzan una paternidad consciente y efectiva.
El entrenamiento introductorio del Método Paternidad Efectiva ha sido tomado por más de 125 mil padres alrededor del mundo.
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Pareja de psicoterapeutas, padres de tres hermosos niños, coaches y conferencistas renombrados. Cofundadores de Niños de Ahora, son los creadores del Método Paternidad Efectiva, con el cual despiertan la sabiduría que sus alumnos llevan dentro para que ejerzan una paternidad consciente y efectiva. El entrenamiento introductorio del Método Paternidad Efectiva ha sido tomado por más de 125 mil padres alrededor del mundo.

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