La única forma en que Luisa podía controlar a su hijo Andrés era gritándole o pegándole.

La primera vez que nos visitaron, Andrés, un niño encantador de seis años, agarraba todo lo que encontraba, le gustó mi arenero y en segundos, la mitad de la arena estaba esparcida en el suelo del consultorio.

En un inicio, Luisa no le decía nada, supongo que asumía que yo lo haría, lo trajo a consulta por recomendación de su maestra y de la directora de la escuela. “Andrés, no tires la arena al suelo”, fue su primer comentario, ante el cual, Andrés no reaccionó en lo absoluto. Luisa continuó quejándose del comportamiento incontrolable de su hijo, mientras él, interrumpía, decía que estaba aburrido y se revolcaba en el suelo.

“¡Andrés ya basta!” explotó Luisa cuando comenzó a aventar las crayolas que le di para dibujar. “¿Ya ven?, no sé qué le pasa a este niño, siempre acabo así, estoy desesperada”.

Era muy importante para nosotros ver la dinámica de la relación entre ellos. Podíamos ver que el comportamiento descontrolado del niño se debía en buena parte a la falta de liderazgo de parte de Luisa. Enviamos a Andrés a la sala de espera para platicar con ella.

-Noté que permites que Andrés tenga comportamientos inapropiados mucho tiempo y cuando explotas, él se controla por un tiempo y regresa a lo mismo.

-Sí, no me respeta. ¡Es horrible! Me ignora y hace todo para que yo quede mal.

Era evidente que le costaba trabajo marcar límites. Le echaba la culpa de todo a su hijo, victimizándose constantemente.

-¿Con quién más te pasa esto?.

-Bueno, a veces con mi esposo, él siempre quiere tener la razón, es igual a mi papá, me choca.

Luisa abrió un capítulo importante en su vida. Ella había sido muy lastimada de pequeña, rebasaron tanto sus límites que no sabía cómo distinguir dónde empezaban los suyos y terminaban los de los demás.

Su trabajo no consistió en aprender estrategias para controlar a Andrés. Ella necesitaba recuperar su poder personal, esa capacidad para decir “No” a aquello que lastima de una u otra “Sí” a lo que realmente quiere.

Para lograrlo, necesitaba transformar la relación con su historia personal, porque le había dado tanto poder a la fuerza de los demás, que ahora, se paralizaba también ante la de su hijo.

Con amor

Luis Carlos Flores y Gabriela González

Fundadores de Niños de Ahora

Creadores del Método Paternidad Efectiva®

 


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