secretos

Secretos de los niños que no hacen caso

Juan: No hice nada. No se me ocurrió que modelar.

Gaby: El barro está en tus manos, ¿puedes describirlo?

Juan: (levanta sus hombros) Bueno… son un montón de nada.

Gaby: ¿Te pasa eso en la vida real?

Juan: ¿Qué, sentir que soy un montón de nada?

Gaby: Mmhm.

Juan: Pues… creo que sí. Creo que siento… que no soy nadie. Así es como me siento.

En esta sesión estaba trabajando con cuatro niños de entre 9 y 12 años. Los cuatro venían conmigo porque sus mamás no sabían qué hacer con ellos. Se desesperaban y acababan peleando, y sentían que ya se les habían salido de las manos.

Gaby: ¿A alguien más le pasa que su barro se sienta parecido al de Juan?

Anita: Pues creo que a mí… bueno, a mi barro. (Se escuchan risas entre dientes.)

Gaby: Veo que les da la risa nerviosa.

Anita: Bueno, yo… digo, mi barro es un perro. Lo hice porque… no sé. Quería hacer un perro bonito, pero me quedó… como callejero.

Gaby: ¿Y cómo es este perro callejero? Descríbelo en primera persona, como si tú le prestaras tu voz al perro de barro.

Anita: Yo soy un perro de la calle. Estoy sucio, desnutrido, descuidado… Todos se burlan de mí porque soy feo. Mis hermanos perros sí pudieron conseguir casa en donde los adoptaron, pero a mí no porque soy fea. Pero no me importa, si se acercan les gruño y se van.

Gaby: ¿Y a ti Anita, te pasa esto?

Anita: No, yo sí tengo casa. Pero… a veces me siento así, mis papás le dan más atención a mis hermanos.

Gaby: ¿Y qué haces tú cuando te sientes así?

Anita: Nada.

Gaby: ¿Nada?

Anita: Nada, cuando mi mamá me pide que recoja mi cuarto o que me bañe, no hago nada. (Los otros niños ríen.)

Gaby: ¿O sea que estás sucia y gruñes como el perro callejero?

Anita: (Riéndose y mirando hacia abajo) Bueno sí me baño… a veces. Creo que por eso grita tanto mi mamá.

Gaby: ¿Y cómo te sientes cuando ella grita?

Anita: La verdad… ya me acostumbré. Y bueno…

Gaby: ¿Y bueno?

Anita: Es que yo también estoy enojada con ella, si se molesta pues ¡qué bueno!

Sandra y Eric se atrevieron a hablar después de escuchar a Anita. El trabajo con la arcilla y el hablar en grupo, los ayudó a poder expresar los sentimientos guardados que estaban cargando. Al sentirse vistos y escuchados, sin recibir sermones ni juicios, pudieron darse cuenta de cómo estaban siendo parte del problema en sus casas.

 

Para sus padres fue un parteaguas. Recibieron un balde de agua fría al darse cuenta de que sus hijos contestones y mal portados, no se habían corregido con ninguna “técnica de libro”, de la vecina o de la suegra, porque no habían prestado atención a la necesidad de fondo de sus hijos.

Ser un padre efectivo va mucho más allá de tener un “Recetario para Comportamientos Perfectos”. Entender nuestra verdadera misión como padres, y tener las herramientas para poder estar cerca de ellos, no sólo es un regalo invaluable para tus hijos. Es la oportunidad más grande que la vida te ha dado para crecer, para cuestionar tus programaciones – esas ideas que das por sentado, hasta que no funcionan bien – y para transformar tu patrón reactivo.

La vida pasa en un abrir y cerrar de ojos. Ábrelos hoy. ¿Qué opinas?

Con amor,

Gaby y Luis Carlos

Creadores del Método Paternidad Efectiva

 

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Orientar y preparar a padres y maestros en cuanto a cómo acompañar, guiar y educar a los niños y adolescentes de ahora, teniendo en cuenta las características únicas de las generaciones más recientes y los cambios en el entorno sociocultural del momento histórico que atravesamos.
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