Romina

¿Quiero que Romina coma? Lo sirvo en mi plato

Romina siempre ha sido de buen comer, en el sentido de que nunca le ha hecho feo a ningún alimento –bueno, el aguacate no es muy de su agrado pero lo come. Desde que la empezamos a introducir a los alimentos sólidos, nunca hemos tenido problema alguno para decidir que darle de comer; obviamente siempre ha tenido sus platillos favoritos. Cualquier platillo que le pusiéramos en frente, se lo comía sin dudarlo y no le importaba lo que comieran los demás. Todo iba muy bien hasta hace dos meses cuando estuvo seis días en el hospital por primera vez. Desde entonces si ve que tengo algo en la mano o escucha que estoy abriendo algún empaque, deja lo que está haciendo y quiere comerlo…o me lo quita de mi plato.

Todo empezó en diciembre, la primera vez que estuvo hospitalizada. A pesar de que la comida del hospital que le mandaban estaba rica (en verdad, si lo estaba), el que comiera se volvió todo un problema. La forma en que logramos que probara alimento, fue comprando algo nosotros y darle de eso. Por ejemplo, en el hospital había un Starbucks dónde todas las mañanas compraba para mí un piadini de claras con queso y espinacas, y de ahí le daba la mitad. Se lo comía sin problemas. Nunca logramos saber por qué le hizo el feo a la comida del hospital, solo que teníamos que compartirle de lo nuestro. A partir de ese día, se volvió un poco quisquillosa con los alimentos, a pesar de que nunca había sido así.

En los días posteriores, mi esposa tuvo que salir de viaje de trabajo a Argentina, y yo me quedé haciendo “home office” para cuidarla ya que el pediatra nos pidió que no fuera a la guardería en varias semanas (por un tratamiento que le mandó para ayudar con las vías respiratorias). Ahí fue cuando empecé a darme cuenta que cada vez que le daba de comer, si yo tenía un plato también, ella dejaba el suyo a un lado y quería de lo mío. Decidí entonces, darle de comer a ella primero, y después comer yo. Cuál fue mi sorpresa, que le seguía haciendo caras a su comida…le daba un par de mordidas y se negaba. Recordé lo que había sucedido en el hospital y se me ocurrió intentarlo; no perdía nada.

Una mañana le di blueberries de fruta, las cuales aceptó sin problema. Con el siguiente plato, que fueron quesadillas, ahí fue donde puse en práctica la nueva estrategia. Hice dos, las puse en un plato y me las empecé a comer. Dicho y hecho, no pasaron más de tres segundos de la primera mordida que di, cuando inmediatamente la escuche decir “¡ma!, mio” (que es lenguaje de Romina para decir que las quería). Minutos después, la primera quesadilla prácticamente había desaparecido. Tratando de comerme yo la segunda, no logré hacerlo ya que otra vez la tomó y le dio una mordida. Claro, no fueron más de dos o tres bocados que le dio antes de dejarla…ya estaba llena.

Pensé que había sido coincidencia, así que al día siguiente le di jamón de pavo que le encanta…pero nuevamente lo hizo a un lado. ¿Será que realmente tenía que ponerlo en mi plato? Decidí hacerme un sándwich con ese jamón y partirlo a la mitad. ¡Oh sorpresa! Más me tardé en poner el plato en mis piernas que ella dejar todo e ir por su mitad. Pues si funcionaba el truco. Lo malo es que pensé que ya tendría que hacerlo con todo, y eso me preocupaba. La ventaja fue que comencé a darme cuenta que no siempre -ni con todo- era así. Entendí que en parte le hacía el feo a ciertas cosas porque yo le repetía el menú y llegó a hartarse. Cuando trataba de cambiarle y darle algo diferente, ahí es cuando tenía que intentar ponerlo en mi plato.

Aunque fue una buena estrategia para lograr que comiera algunas cosas, creo que me ha salido contraproducente. Ahora, cualquier cosa que agarre para mí, ella inmediatamente quiere probarlo. No me quejo con la comida normal. Pero al tratar de disfrutar unas galletas, un chocolate o unas papas, he llegado hasta esconderme para poder consentirme tantito. No es que no quiera darle, de vez en cuando lo hago…pero a veces uno quiere disfrutar sus galletas a gusto, ¿o no?

Rafael Rojas.

Estamos estrenando colaborador en Niños de Ahora, Rafael Rojas, quien nos estará compartiendo sus experiencias como papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina.

¡Bienvenido Rafa!

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Bloguero de corazón y director de profesión at Descubriendo a papi
Papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina. Comparte sus aventuras y experiencias en la paternidad a través de su blog donde escribe apasionadamente acerca de su mayor inspiración: su hija. Asimismo, trabaja como Director de operaciones en una empresa dedicada a la Consultoría y Desarrollo de Tecnología, en la que pone en práctica lo aprendido en sus estudios de Administración de Empresas en la University of California, Riverside (Estados Unidos).
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