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Por qué no le grito a Romina

¿No les ha pasado que están con alguien y le han repetido las cosas varias veces y aun así no hacen caso? A veces la reacción es decirle “pareces niño chiquito” o gritarles. El grito siempre va con la frase: “¡Ya te lo dije varias veces y no entiendes!”. A veces creemos que es necesario gritarles a las personas, aun si no les hemos dicho las cosas con anterioridad. Se piensa que con el grito van a “entender” o hacer las cosas como uno “quiere que se hagan”. Y en algunas ocasiones, esa forma de pensar se quiere emplear con los niños cuando son pequeños y están aprendiendo. Ahorita que Romina apenas tiene año y medio de edad, no le grito cuando hace algo equivocado, mejor la educo.

En la etapa en la que está la nena, en lugar de gritarle cuando hace algo que no es correcto, procuramos su mamá y yo el hablarle y repetirle que no está bien lo que hace. Cuando hace una travesura como sacar las cosas de los cajones o mover las sillas del comedor de un lado a otro, puede ser irritante para nosotros como adultos. Y si estamos en un mal momento, lo es más todavía. ¿Qué hacemos? Mejor le explicamos una y otra vez que no debe de hacer eso.

¿Qué pasa cuándo lo que está haciendo puede ser peligroso? De entrada yo si le he dicho “NO”. De alguna forma debe de ir entendiendo que lo que hace no está bien (no creo que se traume por decirle la palabra “NO”). Claro, el llanto no se hace esperar de parte de ella a veces. Ya cuando está más calmada, se le explica que lo que hace es peligroso y se puede lastimar. Cómo todo peque, lo que hace es explorar el mundo y lo que le rodea; y todo es nuevo para ella. No ha entendido completamente, y aprendido, que cosas pueden ser peligrosas y cuáles no.

Si abre un cajón de la cocina, puede ser una travesura. Pero si empieza a meter la mano y ahí están cuchillos o tenedores, no solo es travesura…sino peligroso. Si mueve la silla del comedor, es otra travesura. Pero si decide subirse sola y pararse en ella, también va a ser algo peligro que puede terminar en una tragedia.

Anoche estábamos cenando en el comedor mi esposa, Romina y yo –la niña ya había acabado de comer. Mientras mi esposa y yo terminábamos, nos pidió de nuestra cena…le compartimos como siempre. Al darle tantito yogurt, habló y sin querer escupió lo que le dimos; pensó que era gracioso. Tan chistoso fue para ella, que lo volvió a hacer. Ya le hemos dicho antes que eso no es correcto y no se hace. En lugar de gritarle por pensar que ya le hemos explicado y no “entiende”, mejor le dijimos con voz firme -pero tranquila– que eso no es de buena educación y no lo debe de hacer.

¿Qué ganábamos con gritarle? Nada. Solo hubiéramos hecho coraje, ella se hubiera puesto a llorar y no entendería el concepto que le estábamos tratando de enseñar. Entendió muy bien y ya no lo repitió, se terminó mi yogurt y a “otra cosa mariposa”. Claro, segundos después se fue a hacer la siguiente en la cocina abriendo los cajones y sacando todo lo que estaba dentro.

Hay un sinfín de cosas que ha hecho Romina y que han sido peligrosas, travesuras o no correctas. Y en todas y cada una de ellas, mi esposa y yo le hemos ido enseñando que si está bien y que no, junto con lo que puede pasar. Es obvio que no podemos esperar que a la primera entienda, y es nuestro deber como sus padres el irle enseñando. Con el tiempo ha ido entendiendo muy bien que sí y que no hacer. Aún hace falta que comprenda muchas cosas más, pero eso ya se va a ir dando.

Al tener solo un año y medio, no puedo evitar que sea una niña que explore o haga travesuras. No ha desarrollado el concepto de peligro y mucho menos el de medir las consecuencias de lo que hace. Si por todas las cosas que “no quisiéramos o no nos gusta que hiciera”, le gritáramos…pobre niña, creo que ahí si la traumaríamos y no viviría su infancia al 100% y feliz Por eso, hoy en día en lugar de gritarle, mejor le explicamos y le hablamos con voz firme, cuando es requerido. Esperamos que no tenga 10 años y quiera seguir tocando todos los enchufes de las paredes, porque entonces…si le pego un buen grito.

Del mismo autor:

 

A Romina le dio papitis, ¿Cómo manejarlo y qué hacer? 

 

¡Qué dolor de muela! 

 

Quiero que Romina coma… lo pongo en mi plato. 

Rafael Rojas
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Rafael Rojas

Bloguero de corazón y director de profesión at Descubriendo a papi
Papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina. Comparte sus aventuras y experiencias en la paternidad a través de su blog donde escribe apasionadamente acerca de su mayor inspiración: su hija. Asimismo, trabaja como Director de operaciones en una empresa dedicada a la Consultoría y Desarrollo de Tecnología, en la que pone en práctica lo aprendido en sus estudios de Administración de Empresas en la University of California, Riverside (Estados Unidos).
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