Padre-hijo

Los padres fuertes, estrictos y “duros” eran niños libres y voluntariosos cuando pequeños, con mucha fuerza.

Hace unos días José me escribió un correo con una petición muy especial. En sus palabras, pidió orientación sobre “como ser un padre efectivo con tu hijo de corazón, porque no es mi hijo de sangre.”

Me comentó sobre su choque cultural con la manera en que veía había sido criado el niño hasta que lo conoció, su forma de ser “duro” con él y su dificultad para ser afectuoso, a pesar del amor que claramente siente por él. “La verdad me siento entre frustrado, enojado conmigo mismo porque repito los patrones que tuvo mi papá conmigo, pero lo peor es que lo hago con Emiliano, que es el que menos culpa tiene… Espero me puedas ayudar para poder cambiar mi estilo de paternidad y darle a Emi el papá que necesita y se merece, o al menos poner mi grano de arena para que sea feliz y exitoso.”

Le pedí permiso para compartir mi respuesta con los padres de la comunidad, porque nos brinda una hermosa lección a todos, incluyéndome. Por supuesto he alterado los nombres y ciertos detalles para cuidar su confidencialidad, pero conservando el mensaje. Aquí está:

José, quiero que sepas que es la primera vez, en los dos años desde que mi esposa y yo creamos Niños de Ahora, que recibo una carta de un papá, como la que me has escrito. Estoy en medio de la convocatoria para mi entrenamiento avanzado y la verdad estoy inundado de mensajes y trabajo, pero me llamó la atención tu petición. Aquí está mi respuesta.

Eres más cercano a Emiliano de lo que crees. Leyendo entre líneas, mi impresión es que Emi te refleja mucho de lo que tú fuiste cuando eras muy pequeño, y le estás pasando parte de lo que recibiste en tu propia crianza, con tus padres (al menos con uno de ellos). No lo sé, pero lo intuyo. Los hombres fuertes y estrictos, “duros” como tú le llamas, eran niños libres y voluntariosos cuando pequeños, con mucha fuerza. ¿Te suena esto?

Con los años te enseñaron a canalizar esa fuerza y a auto controlarte. Por eso cuando ves que Emi es demasiado “libre” te pones exigente; porque así aprendiste a ser contigo mismo, así te educaron.

Entonces quiero que sepas esto y que te lo tatúes en ese gran corazón que tienes: elegiste a Emi como tu hijo de corazón, para que él te ayude a conectar con tu propio niño, ese pequeño auto exigido al que le faltó y le sigue faltando afecto. Al que le dijeron que el respeto está antes que el amor, y que para merecerlo debía controlarse y ante todo, ser obediente.

Emiliano está recordándote cómo ser compasivo.

Compasión no es sinónimo de lástima. Para ser compasivo, necesitas ser capaz de entrar en el mundo del otro, sin juicios, sin calificar, sin rechazo, con tu corazón abierto a lo que encuentres.

La compasión tampoco es empatía, va más allá. Porque necesitas abrazar tu propia imperfección, tu propia humanidad, para realmente sentirte y saberte igual al otro. Sólo así puedes acercarte a Emi tanto que las barreras entre ustedes se disuelven, mientras te ves en ese pequeño espejo de ti mismo. Y desde ese lugar puedes decirle y hacerle sentir “Yo soy como tú, hijo. Entiendo tu dolor porque a mí también me duele. Entiendo tu miedo porque yo también temo. Soy como tú, y te acepto tal como eres.”

La compasión es un regalo que te das a ti mismo. A diferencia de la lástima, que es algo que sientes por el otro en su dolor, eres compasivo cuando reconoces que las diferencias entre tú y él son una mentira. Claro, no son idénticos. Eso no existe. Pero ambos están aquí creciendo, sintiendo miedo, alegría, tristeza, enojo, confusión, frustración, dolor… movidos por la búsqueda del amor que llevan dentro, aprendiendo a ser vulnerables, a sentir y a abrirse aunque a veces esto traiga dolor.

Veo que eres un padre, de corazón. Yo soy como tú, un papá aprendiendo a estar con mis hijos guiándome con los recursos que tengo: mi inteligencia, mis habilidades y el amor inmenso que siento por ellos. Muchas veces he actuado desde mis miedos, y es cuando he sido más duro, cuando les he dado a entender que “así no te acepto, así no te quiero.” Con los años, mirando hacia dentro, me he ido dando cuenta de que eso que no acepto en ellos, también lo rechazo en mí.

Cuando eliges abrazar, en lugar de juzgar o rechazar, te abrazas a ti mismo.

Por eso la compasión es tan importante, porque es el antídoto contra la auto exigencia, esa rabia interna que demanda más y más, insaciable, para la cual nada ni nadie es suficiente. Que lastima tanto cuando la proyectas, unas veces explotando, otras negando fríamente tu amor. Esa ira que te desconecta y hace que voltees la mirada ante el dolor, aún cuando vives rodeado de él.

El Dalai Lama dice que “Si quieres que otros sean felices, practica la compasión. Si tú quieres ser feliz, practica la compasión.” El Buda dijo alguna vez: “Puedes viajar por todo el mundo en busca de alguien que sea más digno de compasión que tú mismo, y no podrás encontrarle.” Puedo citar las palabras de grandes sabios hasta el cansancio, pero sólo necesitas escuchar las que te dictó tu propio corazón, cuando me escribiste para pedirme ayuda.

​N​o quiero que esto parezca una lección de budismo o filosofía. La razón por la que hago tanto énfasis en la compasión es porque el Método que cree con mi esposa está basado en esta virtud. A través de la práctica de la compasión nutres las 4 vasijas, los 4 Fundamentos del yo sano. Cuando tu hijo crezca, la medida de su felicidad estará directamente relacionada a cuánto haya aprendido a vivir conectado a su corazón, reconociéndose como infinitamente valioso, confiando en sí mismo, amando lo que haga y contribuyendo con su pasión.

Ese es el resultado de una crianza respetuosa, compasiva, amorosa y efectiva.

Entonces te dejaré esta tarea… Todas las noches toma unos diez a quince minutos, antes de dormir, para anotar en una libreta dos cosas: 1- Cómo fuiste compasivo hoy, gracias a Emi, y cuál fue el resultado; 2- Cómo no lo fuiste, y cuál fue el resultado de no serlo. Medita en tus respuestas. En pocos días sentirás un cambio enorme. Emiliano también lo sentirá.

Ser compasivo requiere de sensibilidad y atención, más que de inteligencia. Veo que eres un hombre inteligente y educado, buscando abrirse a amar incondicionalmente. Gracias por pedirme ayuda, y gracias a Emiliano, tu hijo de corazón. Sin ustedes, esta respuesta no existiría.

Un abrazo,

Luis Carlos

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Luis Carlos Flores

Luis Carlos Flores

Director at Niños de Ahora
Científico, educador nato y Guía Montessori, a partir de sus estudios y práctica en psicoterapia y coaching de vida, hoy se dedica a capacitar a miles de padres, coaches, terapeutas y educadores, mostrándoles cómo cuidar, nutrir y alentar el desarrollo óptimo de los niños y jóvenes de ahora.
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