emociones

Los 2 errores más comunes que los papás cometen al tratar con las emociones de sus hijos

Estarás de acuerdo en que todos los papás, queremos que nuestros hijos crezcan sanos emocionalmente, ¿cierto? ¿Pues qué crees? Que TODOS los seres humanos las tenemos y si bien, la sociedad nos ha educado a creer que son señales de debilidad, son el motor que nos impulsa a seguir siempre hacia adelante y con un buen manejo, a ser más felices.
¿Por qué digo que son DOS GRANDES ERORES cuando seguramente ya pensaste en más de dos? Porque por herencia, hemos aprendido a distorsionarlas y reprimirlas cuando nos deberíamos permitir expresarlas, y sentirlas.
PRIMER ERROR:  Reprimir nuestras emociones: Hace poco fuimos a sacarle sangre a uno de nuestros hijos y nos encontramos con un señor diciéndole a su hijo:
– Papá: “Tienes que ser muy, pero muy valiente”.
– Hijo: “Pero papá, ¿me va a doler?

– Papá: “Mmmm, no te va doler mucho, pero ¡ay de ti donde llores!, tienes que ser hombrecito, nada de gallina…”

Otro ejemplo, unos niños se están riendo de una forma libre, fresca y a carcajadas, llegan los papás y les dicen: “¡hey!, no te rías así, bájale, te ves fea cuando te ríes así…” ¿Qué crees que siente la niña al recibir ese mensaje? Estamos hablando de una emoción que es positiva y aún así, las reprimimos.
Claro, hay ejemplos mucho más conocidos como “el que se enoja pierde… las niñas bonitas no gritan… los niños no lloran…”.
Los adultos hemos crecido en una sociedad en la que no nos enseñaron a manejar y sentir nuestras emociones y por lo tanto, heredamos en ellos un legado de “no sientas…no expreses”. ¿A poco no?
 
SEGUNDO ERROR: Distorsionar las emociones: Esto se puede ver en todas las familias. Es como si tuviéramos un código distorsionado de emociones. ¿Cómo hacemos esto? Hablemos de cuatro grandes emociones: enojo, tristeza, miedo y alegría. Por lo general, cuando alguien siente miedo, en lugar de expresar “TENGO MIEDO”, se enojan. Hay una situación de angustia y lo muestran hacia afuera como si fuera enojo. Otro ejemplo: El dolor. Un adulto, al igual que un niño, puede estar pasando por una pena muy fuerte y en lugar de mostrarlo como tristeza, recurren a mostrarlo como enojo o incluso como alegría.
Las emociones son parte de la naturaleza delire humano y los niños lo tienen muy claro. Ellos no dudan si está bien, o está mal, sentirse triste. Simplemente lloran. O si sienten enojo, gritan con toda su fuerza. Están conectados con sus emociones, y las expresan.
Está también el adulto, que ya recibió toda la carga negativa sobre las emociones y, ¿qué hace cuando llega uno de sus hijos y muestra una emoción? Le dirá por ejemplo: “¡no!, las niñas no gritan, cállate y quédate quieta”. Con tu ejemplo, le estás enseñando a no sentir sus emociones y distorsionarlas.
Y ahora, ¿qué puedo hacer? La realidad es que entre menos bloqueadas estén tus emociones, más feliz vas a ser. Porque podrás estar presente con ellas y expresarlas de la manera adecuada.
Por ello hoy te invitamos a permitirte y permitirle a tu hijo expresarse de manera más libre. Coméntanos, ¿recuerdas cuándo fue la última vez que soltaste una carcajada de esas que te duele la panza? ¿Cuándo fue la última vez que lloraste, con ese llanto reparador que toda la tristeza, dolor o frustración salió casi por completo?
¿Dónde crees que se quedan las emociones? ¿Adentro, o afuera de ti? ¿Qué has hecho para trabajar y conectar con ellas?
Y finalmente, te recomendamos ver la película “Intensamente (Inside Out)” de Pixar Animation y Disney.
Con cariño:
Gaby, Isa y Ana
To Top