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La historia de Valeria, la niña que sentía que no valía

En una ocasión llegó Valeria a mi oficina. Adolescente de 14 años, alta, delgada, de cabello largo, castaño, muy bonito, ojos cafés, muy expresivos, pero muy tristes. Llegó para platicar conmigo y le pregunté el porqué de su tristeza. Me dijo que su mejor amigo ya no le hablaba porque su novia no se lo permitía y eso la tenía muy triste. Ella estaba secretamente enamorada de su mejor amigo, pero para él, ella solo era una amiga. Ni siquiera la mejor, solamente una amiga que le daba muchos beneficios, pues en caso de que su novia no fuera a la escuela y sus amigos estuvieran ocupados, Valeria siempre estaba dispuesta a acompañarlo. En caso de que necesitara una tarea, un trabajo, las respuestas en un examen, siempre Valeria estaría dispuesta a ayudarlo. Pero, ¿Ella que recibía a cambio de tanto que daba? Una amistad, no la mejor, no la más profunda, no la más sincera. Solo una amistad, así, por encimita. Evidentemente ella lo sabía.

En ocasiones, cuando todo estaba dispuesto para estar con él, llegaba alguno de sus amigos y él se iba sin dudarlo y sin pensar que ahora la dejaría sola a ella, pero eso no importaba. Cada día que pasaba, ella se veía más triste, más cansada y lo único que me decía era: “Así son las cosas, siempre es lo mismo”.

¿Cómo fue que Valeria llegó a esto?

Es muy probable que esto haya empezado desde que ella era pequeña. Sus padres se divorciaron cuando ella tenía 7 años y el tema de los arreglos entre los padres, del dinero, del tiempo que cada uno pasaría con ella, se volvió un problema, del cual, ella se dio cuenta todo el tiempo. En vez de pelear por pasar más tiempo con ella, lo que ella escuchaba era, “te toca a ti, yo ya la tuve la semana pasada”, como si fuera una pelota o algo muy desagradable.

Evidentemente, esto mermó su autoestima. ¿Cómo sentirse valiosa para alguien más si para sus padres es alguien a quien se pelean por no tener? Aunque esto sea una arma de los padres que no tenga que ver con el amor que le tienen a Valeria, sino con el hecho de no querer dejarse solos, para que no se sientan libres de “hacer lo que quieran”. Sigue siendo parte del problema de esposos, no de ella, pero no lo separan y finalmente quien sale más lastimada es ella.

Valeria, en algún momento tuvo que empezar a pensar cuánto se quiere, cuánto vale, cuánto merece. Si sus padres la dejaron sola, se peleaban por no tenerla, estaban más ocupados en rehacer sus vidas que en vivirlas con ella, la respuesta más obvia para Valeria es, nada. ¿Cuánto puede quererse alguien a quien sus padres no le demuestran cariño?, ¿Cuánto puede considerar que vale alguien a quien sus padres le hacen sentir lo contrario? ¿Cuánto puede considerar alguien que merece, si sus padres le hacen sentir que no merece respeto, tiempo, cariño y el lugar en sus vidas? Obvio, la respuesta es muy poco o nada.

La actitud que Valeria había tomado con su amigo era muy predecible. Lo único que estaba haciendo era trasladar su necesidad hacia alguien más. El problema más grave es que esto se puede repetir muchos años y muchas veces hasta que ella logre darse cuenta y sane lo que pasó cuando tenía 7 años.

A Valeria le queda mucho trabajo por delante. Necesita trabajar en la percepción que tiene de sí misma y cambiarla. Saber que es valiosa, no por lo que haya escuchado de sus papás, sino, encontrar su propia valía. Echar abajo lo que haya escuchado de parte de sus padres, identificar lo negativo que haya recibido de ellos y encontrar sus propios para qués. Aprender a evaluarse diferente, conocer sus sentimientos y las tendencias que tiene hacia sí misma. Mucho, mucho trabajo.

Evítale a tus hijos esta carga y cantidad tan grande de trabajo desde hoy.

  • Dedica tiempo especial a tu hijo. Tiempo en el que él sepa que toda tu atención es únicamente suya porque es la persona más importante para ti.
  • Si pasas por una separación o divorcio, que el tiempo que pasen con sus hijos, los hijos sepan que es un premio para ustedes, no una carga o castigo.
  • Tu hijo necesita saberse suficiente. Haz que lo sienta siempre.
  • Tu hijo necesita saber que siempre lo amarás, no importa lo que pase, cuanto tiempo pase, él siempre cuenta con tu amor incondicional.

Recuerda que su autoestima afecta la manera en la que nos vemos, pero también la manera en la que nos relacionamos con el mundo. Relaciones sanas están basadas en autoestimas sanas.

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Claudia Bernal

Claudia Bernal

Claudia ha trabajado en el área de educación durante 12 años. Debido al contacto que ha tenido con niños y adolescentes, se ha percatado de la necesidad tan grande que tenemos como sociedad de un cambio en nuestra forma de educar, de amar y de guiar a nuestros hijos.
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