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A Romina le dio papitis. ¿Cómo manejarlo y qué hacer?

 

Un día de repente, Romina empezó a llorar cuando me alejaba de ella y ya no me veía. También empezó a querer estar en mis brazos cada vez que se daba cuenta que me acercaba a ella sin importar quién la estuviera cargando.  A esto le aumentamos que comenzó a despertar en las noches llorando –algo que no había hecho antes, ya que dormía toda la noche desde que llegó a la casa a la semana de haber nacido. ¿Qué estaba pasando? ¡Ansiedad por separación!

Resulta que alrededor de los 8 meses de edad, los bebés empiezan a desarrollar una serie de sentimientos y nociones que antes no tenían.  Antes de esa edad, los peques van conociendo y familiarizándose con la gente en su vida y los ambientes. Así como con la noción de que los objetos y las personas existen.  Cuando ya tienen desarrollada esta idea, es cuando empiezan a presentar los episodios de llanto porque están en un lugar nuevo y/o no están cerca de la gente que conocen.  Esto normalmente suele pasar con la persona con quien pasan más tiempo en el día y con quién conviven más.  Conforme van pasando los meses –así es, meses-, estos episodios van disminuyendo hasta desaparecer. ¿Por qué? Porque van desarrollando la noción de que aunque no ven a la persona que extrañan, esta no desaparece y eventualmente regresa. Al principio piensan que la persona se va y ya no va a volver, por lo cual lloran.  Asimismo, van desarrollando las primeras nociones de tiempo.

Al entender esto nos preguntamos mi esposa y yo ¿por qué solamente conmigo?, si los dos pasamos tiempo por igual con ella.  Al trabajar mi esposa y yo, siempre nos hemos dividido las actividades entre semana. Ella la llevaba a la guardería y yo pasaba por ella, yo la bañaba y ella la vestía, ella le deba de cenar y yo me encargaba de su mamila a media tarde. Y los fines de semana, siempre hemos estado los dos con ella.  Por eso se nos hizo muy extraño.

De alguna forma, esto hizo que mi esposa se pusiera triste de repente porque la nena solo quería estar conmigo.  Tratando de buscar información, encontré que el caso normal es que el apego sea con la mamá y que el papá sea el relegado. En muy pocos casos, se da al revés.  Lo importante para mí era asegurarle a mi esposa que la nena la quiere tanto como a mí y que era solo una fase, que no se sintiera mal por ello.  Hubo una época a los pocos meses de nacida Romina, que a mí no me hacía caso y todo era con su mamá. Por eso entendí perfectamente que es lo que sentía ahora mi esposa.  Como parte de apoyo a mi esposa, era el asegurarme que no se sintiera mal por esta etapa. Ya fuera evitando el decir alguna broma, o dejar que alguien más lo hiciera, sobre que la nena me prefiere a mi…entre otras cosas.

Las noches se volvieron un poco complicadas, porque se despertaba llorando de forma desconsolada hasta que yo llegaba a su cuarto, la abrazaba y después de unos minutos de acurrucarla por fin se tranquilizaba y se dormía.  El problema se empeoraba cuando había noches que se despertaba 2 o 3 veces. Inclusive, un par de ocasiones amanecí dentro de la cuna dormido con ella –nada recomendable y más si se es de estatura alta como yo.

¿Qué podíamos hacer?  De entrada le dimos seguridad de que todo estaba bien; no podíamos enojarnos por ser despertados a la mitad de la noche.  Cuando salíamos, siempre le asegurábamos que mami o papi íbamos a regresar en un momento para que fuera entendiendo que no pasaba nada si nos íbamos. Si mi esposa la tenía en brazos, la distraía jugando con ella y haciéndola reír una vez que me iba.  La ventaja que teníamos también es que en la guardería Romina siempre se sintió muy agusto, lo cual ayudaba al dejarla. Inclusive, en más de una ocasión, me la aplicó cuando iba por ella. Quería quedarse con su miss y lloraba al pasarse a mis brazos. (Si le dije a mi esposa que yo también había sido cambiado por la miss…solo re rio conmigo.)

Esta etapa de “papitis” por la que Romina pasó, ha sido un poco complicada pero a la vez gratificante porque hemos visto su mami y yo como ha ido creciendo y desarrollándose.  Cada día va disminuyendo y hoy en día creemos que estamos más cerca del fin que nada.  Nos ha costado el no sobreprotegerla tratando de que esta etapa fluya sola para evitar que dure más allá de lo necesario.  Para esto, hemos sido constantes y coherentes. Si le decíamos que regresábamos en unos minutos, así lo hicimos siempre, y jugábamos con ella para que viera que no pasaba nada con la separación. Y Sobre todo, siempre estuvimos tranquilos con ella cuando se presentaba la situación.

Rafael Rojas

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Rafael Rojas

Bloguero de corazón y director de profesión at Descubriendo a papi
Papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina. Comparte sus aventuras y experiencias en la paternidad a través de su blog donde escribe apasionadamente acerca de su mayor inspiración: su hija. Asimismo, trabaja como Director de operaciones en una empresa dedicada a la Consultoría y Desarrollo de Tecnología, en la que pone en práctica lo aprendido en sus estudios de Administración de Empresas en la University of California, Riverside (Estados Unidos).
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Papá primerizo a los 40 años de una hermosa niña llamada Romina. Comparte sus aventuras y experiencias en la paternidad a través de su blog donde escribe apasionadamente acerca de su mayor inspiración: su hija. Asimismo, trabaja como Director de operaciones en una empresa dedicada a la Consultoría y Desarrollo de Tecnología, en la que pone en práctica lo aprendido en sus estudios de Administración de Empresas en la University of California, Riverside (Estados Unidos).

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